El aire denso del sótano envolvía a los tres presentes mientras las palabras de Nicolás flotaban en el ambiente. El silencio se extendió como una sombra entre Arlet y Jesper, quienes sopesaban cada sílaba pronunciada, buscando verdades ocultas tras la aparente sinceridad de su prisionero.
"¿Por qué me quieren matar? Es por esto", pronunció Nicolás con una serenidad perturbadora en su rostro magullado.
"¿Y cuál sería esa razón?"
La pregunta pendía del aire como una amenaza velada. Ambos sabían que cualquier justificación debería ser lo suficientemente convincente para mantenerlo con vida.
"Soy mexicano."
Las palabras resonaron con un peso inesperado en la penumbra del sótano.
El sonido seco de palmas chocando quebró la atmósfera. Arlet aplaudía con deliberada lentitud, cada palmada cargada de sarcasmo. "Muy bien, muy bien... una razón interesante. Pero no me convence."
Nicolás elevó los hombros en un gesto de aparente resignación. "Entonces no tengo nada más que ofrecer."
"Claro que tienes. Ayúdanos a destruir esa organización y tal vez empecemos a creer en lo que dices."
"No pueden contra ellos."
"No te preocupes por eso", intervino Jesper con voz pausada. "Solo necesitamos que nos proporciones información útil."
"No es que los subestime", respondió Nicolás, su mirada perdida en algún punto invisible del techo. "Por lo que sé de sus familias, son incapaces de unirse para enfrentar una amenaza común. Y mientras sigan divididos, esa organización seguirá existiendo."
"Eso déjalo en nuestras manos."
La paciencia de Arlet se agotó. Sus dedos encontraron una de las heridas de Nicolás y presionaron sin piedad. "¡Qué fastidio! ¡Tanto parloteo sin sentido!"
Un suspiro escapó de los labios resecos de Nicolás. "Ya lo dije, en realidad no tengo alternativa."
"Tampoco la tienes ahora", señaló Jesper, manteniendo un tono controlado. "Colaborar con nosotros es tu única opción viable."

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