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El Marido que no supo perder romance Capítulo 160

¿Y ella quién es?

Al ser señalada tan de repente, Gretel dejó la taza sobre la mesa con educación. Estaba a punto de presentarse, pero Rosendo se le adelantó.

—Es mi novia.

Gretel aún no había retirado las manos; del sobresalto, estuvo a punto de tirar la taza.

La sonrisa de Katya se borró por una fracción de segundo y un destello de hostilidad cruzó por sus ojos, aunque logró encubrirlo con un tono que pretendía ser juguetón.

—¿Ah, sí? Y yo que creía que estabas soltero...

Sin más, dirigió su atención hacia Gretel con una sonrisa que no le llegaba a los ojos.

—Tu novia se ve un poco...

—Disculpe, pero yo no...

—Hazme el favor —murmuró Rosendo. Antes de que Gretel pudiera terminar la frase, él dio un paso largo, se inclinó hacia su oído y la interrumpió en un susurro bajo—: Tómalo como el pago por el favor de hoy.

Desde la perspectiva de Katya, los dos parecían estar compartiendo un momento íntimo.

Apretó los puños y su rostro se tornó lúgubre.

Gretel guardó silencio un instante y, al final, decidió no desmentirlo.

Esa misma noche, Katya, en calidad de anfitriona y socia comercial, organizó una pequeña cena de bienvenida para Rosendo en el restaurante más exclusivo de la capital.

Al evento asistieron tres de los altos ejecutivos de Katya, además de Rosendo y sus dos asistentes temporales. A propósito, Katya hizo hincapié en que Gretel también debía asistir.

Como Gretel solo había viajado a Sevaros para ver a Magda, no llevaba consigo ropa adecuada para una gala.

Sin más remedio, dedicó un par de horas a buscar a un estilista cercano, rentó un vestido de noche y se arregló.

Era un diseño entallado color azul noche. Llevaba el cabello recogido, dejando al descubierto la delicada línea de su cuello y sus clavículas. Lucía tan elegante y enigmática que lograba acaparar todas las miradas.

Su belleza natural era innegable, pero con un mínimo esfuerzo, resultaba completamente deslumbrante.

Sentada al lado de Rosendo, quien llevaba un traje sastre impecable, ambos irradiaban un atractivo hipnótico. Durante un buen rato, todos los presentes susurraban sobre lo perfectos que se veían juntos.

A lo largo de la velada, Katya le lanzaba miradas de soslayo a Gretel, con expresiones que ella era incapaz de descifrar.

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