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El Marido que no supo perder romance Capítulo 240

Su teléfono, que descansaba a su lado, comenzó a vibrar.

—Despertó. —La voz de Lucas estaba cargada de resentimiento.

El movimiento de Catalina se detuvo. Cerró los puños con tanta furia que las uñas se le clavaron en la palma de las manos.

Agarró un jarrón cercano y lo hizo pedazos contra el suelo, gritando descontrolada:

—¡Inútil! ¡Ni siquiera puedes matar a una mujer con un maldito auto! ¡¿No dijiste que era un plan perfecto?!

Hubo un momento de silencio en la línea, seguido por una risa lúgubre.

—Tranquila, Catalina. Que no muriera en el choque solo significa que tuvo suerte. Pero ahora está postrada en una cama de hospital; deshacernos de ella será aún más fácil.

Catalina tenía los ojos inyectados de sangre, consumida por la locura.

—¡La quiero muerta! ¡De inmediato!

—Como órdenes —respondió Lucas con devoción enfermiza—. Mientras tú estés feliz, hasta la luna te bajaría del cielo.

***

Hospital General de la Metrópoli, habitación VIP.

Rosendo se sentó al lado de la cama y destapó el termo que Paula, el ama de llaves de la mansión principal, había llevado. Sirvió en un pequeño recipiente una sopa casera muy ligera.

Revolvió el caldo suavemente con la cuchara. El vapor caliente pareció derretir la eterna frialdad de su rostro.

Tomó una cucharada, la acercó a sus propios labios para soplar, y luego la ofreció a Gretel.

Gretel frunció el ceño.

—Rosendo, puedo comer por mi cuenta.

Se había golpeado la cabeza, pero sus brazos y manos funcionaban perfectamente.

La mano del hombre quedó suspendida en el aire, inmóvil.

Estuvieron en un silencio tenso por unos segundos, hasta que ella no soportó más la incomodidad. Simplemente se inclinó y, de un bocado, se tomó el contenido de la cuchara que él le sostenía.

Capítulo 240 1

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