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El Marido que no supo perder romance Capítulo 5

Gretel se sorprendió y soltó una pequeña risa.

—¿Ahora también eres adivino a tiempo parcial, Kenzo?

Apenas terminó de hablar, sintió una suave palmada en la cabeza.

Kenzo la miró de reojo y se ajustó los lentes.

—¿Acaso no notas que estás actuando diferente? Soy tu terapeuta, a mí no me puedes engañar.

Tras un breve silencio, ella asintió.

—Sí.

Kenzo era el discípulo estrella del Dr. Blanco. Conocido en el extranjero bajo el alias de «Ken», se había forjado un nombre a muy temprana edad. A sus escasos treinta años, había ganado incontables premios y sus pacientes solían ser magnates y miembros de la realeza europea. Sin embargo, después de que Gretel regresara a su país, él se excusó diciendo que necesitaba ganar experiencia local; ocultó su verdadera identidad y comenzó a trabajar en la clínica de ella, ayudándola además como su psicólogo personal.

Él conocía todo su pasado. La había apoyado, guiado y sanado. Gretel sabía perfectamente que sin Kenzo, ella no sería quien era hoy.

Kenzo la observó un largo rato y luego le palmeó el hombro con suavidad.

—Asegúrate de protegerte. Si necesitas algo, no dudes en decirme.

Luego arqueó una ceja, dándole un tono más ligero a la conversación.

—Todos en el instituto te adoramos. Si alguien se atreve a lastimarte frente a mis narices, tus colegas volarán desde el extranjero solo para ajustar cuentas conmigo.

El comentario logró sacarle una sonrisa a Gretel, sintiendo una cálida ola de afecto en su pecho.

—Sé cuidarme sola. Ve a descansar temprano, yo también ya me voy a casa.

Kenzo le devolvió la sonrisa y la observó en silencio mientras se alejaba.

***

Gretel condujo hasta su apartamento.

Terminó de revisar los planes de tratamiento para los pacientes del día siguiente, se lavó y se metió en la cama.

Catalina apareció arrodillada frente a ella con los ojos rojos, y aquel hombre que siempre la había tratado con tanta dulzura ahora abrazaba a Catalina con ternura, mientras la miraba a ella con un odio absoluto.

Las familias Soler y Mendoza, enardecidas, estaban del lado de Catalina y le exigían que cediera su lugar. Aunque Gretel era la verdadera víctima, todos la trataban como la gran villana de la historia.

Fue entonces cuando Rosendo llamó al hospital y ordenó suspender el tratamiento de Francisco.

Cuando ella se enteró y llegó corriendo al hospital, solo vio cómo sacaban el cuerpo de su hermano cubierto con una sábana. Lloró y exigió respuestas, pero solo recibió una fuerte bofetada por parte de Catalina.

Con los ojos inyectados en sangre y una voz estridente que lastimaba los oídos, Catalina gritó:

—¡Gretel, todo esto es por tu culpa! Hiciste que mi hermano quedara en estado vegetativo y, por puro egoísmo, lo obligaste a seguir sufriendo solo para no sentir culpa. ¿Quién te crees que eres? Has destruido a dos familias, nos separaste a Rosendo y a mí, y arrastraste a todos a tu abismo. ¿Por qué tú mereces vivir bien?

—¡Gretel, eres un error! Nadie te amará jamás. Nadie te necesita. ¡¿Por qué no te mueres de una vez?!

A continuación, Rosendo le arrojó los papeles del divorcio, ordenándole con frialdad:

—Firma.

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