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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 236

Sandra se aferró a la negación, intentando dar los últimos coletazos de supervivencia.

—Parece que eres de las que no escarmientan hasta que tienen el agua al cuello.

Camila Méndez llegó corriendo, arrastrando a un hombre, y se detuvo jadeando por la falta de aire.

—¡Jefe, mire bien, ¿es ella?!

En el instante en que Sandra reconoció al dueño de la tienda, sus pupilas se contrajeron de terror y agachó la cabeza rápidamente.

El hombre la observó detenidamente durante unos segundos y asintió. —Es ella. Hace unos cuarenta minutos fue a mi tienda a comprar aceite lubricante. Le pregunté para qué lo iba a usar, pero no me respondió. Me pagó y se fue rápido.

Sandra gritó con desesperación: —¡Te estás equivocando de persona, no fui yo!

—Señorita, apenas soy un hombre de mediana edad, todavía no tengo demencia senil. Si me preguntaran por alguien de ayer, quizás tendría que hacer memoria, pero jamás me olvidaría del rostro de un cliente que vi hoy mismo.

Con los testigos y las pruebas físicas apuntando directamente hacia ella, el rostro de Sandra se volvió de un tono grisáceo. Ya no tenía escapatoria.

—Sandra, si no confiesas, llamaré a la policía —advirtió Felisa, mirándola con frialdad—. Si me dices toda la verdad ahora mismo, te daré la oportunidad de redimirte. No creas que vas a salir impune, no cometas la tontería de arruinar tu carrera para siempre.

El sudor frío empapaba a Sandra. Lanzó una mirada furtiva hacia Vanessa.

—¡Sandra! ¡No puedo creer que fueras capaz de hacer algo así! Estoy sumamente decepcionada de ti —dijo Vanessa dando un paso adelante y agarrándola con fuerza por el brazo—. ¿Qué problema tan grave tienes con Luciana para querer lastimarla de esta manera?

—¡Fui yo! —exclamó Sandra, liberándose de su agarre, decidida a cargar con toda la culpa—. No tengo ningún problema grave con ella, simplemente no la soporto. Y si quieren un motivo de peso: el año pasado estaba huyendo de unos cobradores de deudas; ella pasó por ahí y ni siquiera intentó ayudarme.

—¿Solo por una insignificancia como esa?

Felisa claramente no le creía ni una palabra. Y ninguno de los presentes se lo tragó tampoco; la excusa era ridícula y forzada.

—Sí, solo por eso.

Los ojos de Sandra se llenaron de lágrimas. —Fui yo quien hizo todo. Quería verla hacer el ridículo frente a todos en un día tan importante. Asumiré las consecuencias de mis actos.

Capítulo 236 1

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