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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 24

Lorena miró de reojo a Felisa, quien se mantenía en silencio y sin expresión alguna, frunciendo levemente el ceño.

¿Desde cuándo se había vuelto tan obediente?

Antes solía ser caprichosa, rebelde y odiaba que le impusieran las cosas.

Incluso fue capaz de dejarlo todo y huir sin importarle las consecuencias con tal de no casarse con un Hernández.

"Ricardo, Felisa acaba de regresar, le falta experiencia laboral y no conoce el mercado actual. Ponerla directamente como vicepresidenta podría generar críticas en la empresa. ¿No sería mejor reconsiderarlo y que empiece desde abajo?".

No quería que Felisa tocara el núcleo de la empresa; eso estaba reservado para su hijo Sebastián.

Ricardo lo pensó, considerando que tenía un punto válido. Si Felisa quería mantenerse firme como vicepresidenta, debía ganarse el respeto de todos en la empresa.

"Felisa, ¿qué opinas?".

Felisa sonrió ligeramente. "Creo que Lorena tiene razón. Llegar de la nada como vicepresidenta y manejar el corazón de la empresa podría causar descontento e insubordinación. Estoy dispuesta a empezar desde abajo para ganar experiencia".

Al oír esto, Lorena sonrió con satisfacción.

Qué bueno que conocía su lugar.

Si se equivocaba un par de veces y no lograba ascender, la posición de Bianca en la empresa estaría asegurada.

Bianca se apresuró a intervenir. "Papá, ya que mi hermana lo dice, ¿dejémoslo así?".

¡Por qué Felisa tenía que superarla tan pronto como volvía!

"¡No, que Felisa empiece desde abajo es un desperdicio de talento!". Ricardo lo rechazó de inmediato. De pronto recordó algo y se le ocurrió una idea.

"Últimamente, la familia Valenzuela compite por los derechos exclusivos en el mercado latino para la marca de lujo italiana Vitti. Es el proyecto internacional más importante del grupo este año. La marca es muy estricta en cuanto al profesionalismo y a las redes de contactos de alto nivel de sus socios; no será fácil. Aquella de ustedes que logre conseguir este contrato será la vicepresidenta".

Ellas habían sido compañeras de banco y archienemigas en la escuela secundaria, peleando a diario. Sin embargo, en la preparatoria, cuando el padrastro de Adriana la drogó y la puso en la cama de un extraño, fue Felisa quien la salvó, testificó a su favor y mandó a esa basura humana a la cárcel.

Desde entonces, se volvieron las mejores amigas, inseparables.

Hace tres años, mientras Adriana estudiaba en el extranjero, recibió una llamada de Felisa contándole que había encontrado el amor verdadero. Se llamaba Alfonso y hablaba de él con una felicidad y dulzura inconmensurables.

Habían mantenido contacto a lo largo de los años, compartiendo sus vidas.

Poco antes, le había contado que la empresa de Alfonso había salido a bolsa, que él le había propuesto matrimonio, y que le pediría que fuera su dama de honor.

Pero ahora, frente a ella, no había vuelto a mencionar a Alfonso ni una sola vez.

"¿Acaso te trató mal?".

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