Mientras pensaba en ello, el mayordomo Benjamín Yáñez entró sigilosamente y se inclinó con respeto.
"Don Arturo, el señor Valenzuela y su hija ya llegaron."
Don Arturo levantó la vista, recordando de golpe que dos días atrás Ricardo se había puesto en contacto para informarle que llevaría a su hija recién regresada para disculparse personalmente.
De no ser porque Ricardo mencionó que la muchacha había gastado todos sus ahorros para conseguirle una pintura original del Maestro Valdivia, ni siquiera habría accedido a recibirlos.
Pero ante semejante ofrecimiento, hizo una excepción.
Al fin y al cabo, era un apasionado empedernido del arte del Maestro Valdivia y siempre estaba a la caza de sus grandes obras.
"Hazlos pasar a la sala de visitas", ordenó don Arturo con voz profunda, dejando su taza sobre la mesa.
Yahir entornó un poco los ojos, y un destello apenas perceptible cruzó por su mirada. Lo comprendió todo en un instante.
Así que Felisa había pujado por aquel cuadro la otra noche con el único propósito de regalárselo a su abuelo.
"Ya pasaron tres años de aquello, y recién ahora se les ocurre venir a disculparse. Padre e hija no deben traer intenciones tan simples", comentó don Arturo, limpiándose una mancha de café de los dedos con tono severo.
Miró a Yahir y le dijo casualmente: "¿Quieres venir a verla? Después de todo, fuiste tú quien la escogió hace años."
"No, gracias."
Yahir ocultó cualquier emoción en su mirada y, con manos firmes, sirvió lentamente un poco más de café en su taza, sin revelar la más mínima inquietud.
"Mejor así; de cualquier modo, se ve que no estaban destinados", suspiró don Arturo, cambiando rápidamente de tema para tantear el terreno. "He estado buscándote a otras muchachas de buena cuna. Todas son hermosas y de familias excelentes, nada que envidiarle a la chica Valenzuela. ¿Por qué no te haces un tiempo para conocerlas?"
"¿Me cree usted un hombre tan superficial como para dejarse cegar por una cara bonita?" Yahir levantó la vista, lanzándole una mirada fría.
Don Arturo, en lugar de ofenderse, se rio y le dio una palmada en el hombro.
"Cualquiera aprecia la belleza. Por mucho éxito que tengas, sigues siendo humano. Un poco de debilidad por las mujeres hermosas es totalmente natural. No te preocupes, no te juzgaré."

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