La sala quedó inmersa en un silencio absoluto.
Don Arturo entrecerró los ojos y la recorrió con una mirada pesada, evaluándola minuciosamente.
"Muchacha, lo hecho, hecho está. Si hace tres años decidiste huir, no creas que retomar este compromiso será tan fácil."
Como alguien que había sobrevivido a las tormentas del mundo empresarial y como antiguo líder de los Hernández, la voz de don Arturo poseía una autoridad inquebrantable.
"Si no es posible retomarlo, no hay problema. Mi único deseo es que usted no siga enojado conmigo."
Si lograba restaurar el compromiso entre los Hernández y los Valenzuela, sería excelente; pero si no, al menos esperaba apaciguar la furia del patriarca y mantener la paz entre ambas familias.
Al ver que ella sabía cuál era su lugar, el rostro de don Arturo se suavizó.
"Acepto tus disculpas, dejaremos este asunto en el pasad..."
Benjamín se acercó a paso rápido y le susurró algo al oído.
Don Arturo hizo una pausa, lanzó una mirada fugaz hacia el biombo que ocultaba el salón contiguo y sus ojos adquirieron un brillo distinto.
"Lo del compromiso, lo pensaré con más calma. Regresen a casa por ahora, ya les avisaré."
Felisa, que no había dejado de observar cada uno de los gestos de don Arturo, notó el cambio al instante.
Un segundo antes, él estaba a punto de dar por muerta la alianza matrimonial para siempre.
Pero tras echarle una mirada a aquella zona del salón, cambió de opinión radicalmente.
¡Había alguien detrás del biombo!
Ocultó su sorpresa, manteniendo la mirada baja y respondió con educación: "Entendido, nos retiraremos entonces."
Dicho esto, acompañó a Ricardo a despedirse. Al llegar a la puerta, se detuvo un instante y, disimuladamente, lanzó una mirada profunda hacia el biombo del salón contiguo.
...
Una vez que se fueron, Yahir salió de detrás del biombo.
"Con tantas muchachas de buena familia en Santa Fe, ¿por qué tiene que ser precisamente ella?" preguntó don Arturo, perplejo. "¿Qué tiene de especial?"
Don Arturo estaba atónito. "Entonces, cuando hace tres años me dijiste de la nada que querías unirte a la familia Valenzuela, ¿fue una decisión muy calculada?"
No había sido un simple capricho por una cara bonita.
¡Parecía que había sacado conclusiones equivocadas!
"Así es", asintió Yahir. "De hecho, cuando me regresaron a la familia, yo no sabía quiénes eran ellos. Luego envié gente a buscarlos y me enteré de que se habían mudado del Monte Serena. No fue sino hasta hace tres años que por fin logré rastrear a los Valenzuela, pero para entonces el señor Gregorio ya había fallecido y no pude darle las gracias en persona."
"Siendo así, parece que esa chiquilla Valenzuela de verdad está destinada a nuestra familia", suspiró don Arturo. "Bueno, si ella es la que te gusta, que se haga tu voluntad."
...
En el camino de regreso, Ricardo lucía confundido.
"Felisa, ¿qué crees que quiso decir exactamente don Arturo?"
Simplemente no lograba descifrarlo.
Felisa conducía con tranquilidad, pero su mente daba vueltas a lo que acababa de pasar.

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