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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 40

"Yo tampoco estoy segura. Tal vez don Arturo vio mi sinceridad y decidió darnos otra oportunidad."

La tensión desapareció del rostro de Ricardo, quien soltó una carcajada. "Mi hija es bellísima, el viejo tiene muy buen ojo. Si de verdad quieres seguir adelante con la unión con los Hernández, asegúrate de mantenerlo contento."

Ella asintió distraídamente.

Tal vez, el hombre detrás del biombo era Enzo.

Si estaba ahí pero no quiso dar la cara, ¿significaba que le guardaba rencor o que le daba su aprobación?

El pensamiento de esos hombres maduros y calculadores era un verdadero laberinto.

De regreso en la oficina, recibió una llamada de su mejor amiga, Adriana.

"Felisa, un amigo me comentó que, aunque Enzo es famoso, jamás acepta entrevistas y nunca se deja ver en eventos públicos. Ya hasta sospecho que tal vez sea tan feo que no puede salir a la calle, ¿por qué otra razón mantendría tanto misterio?"

"¿Por qué no lo piensas mejor y descartas eso de casarte con él?"

Felisa se acordó de Alfonso Lozano; apuesto, brillante y exitoso. ¿De qué le sirvió que fuera tan guapo si igual la engañó y traicionó?

En cambio, Enzo era un titán de los negocios, sumamente educado y de moral intachable. Aunque fuera feo, quizás ella podría tolerarlo.

"La belleza no da de comer, y además..."

La espectacular y perfecta imagen del rostro de Yahir cruzó por su mente. ¡Ya sabía lo que era disfrutar a un hombre atractivo!

La última vez que se topó con él, dedujo que andaba de viaje de negocios en Santa Fe.

Para estas fechas, seguro ya estaba de vuelta en San Cristóbal.

Adriana asintió desde el otro lado. "Tienes razón en eso, pero ¿quién le dice que no a un hombre guapo? Y, poniéndonos a pensar, si hace tres años él se fijó en ti, ¿no será que lo hizo para aprovechar tu genética y mejorar la de sus futuros hijos?"

"Espera, mi amigo me dijo que logró conseguir una foto de Enzo. Aunque está un poco borrosa y es solo de espaldas, se nota que es bastante alto; tal vez no sea tan horripilante después de todo. Te la acabo de mandar."

Al instante, entró la foto.

La mirada de Felisa se oscureció.

Llevaba mucho tiempo alejada del círculo social de Santa Fe. Tras su fuga en medio de la noche, ofendió terriblemente a don Arturo, y muchas de sus antiguas amistades, por miedo a represalias, le habían dado la espalda.

Menos mal que había estudiado en la universidad más prestigiosa de Santa Fe, y sus compañeros pertenecían a las familias más influyentes. ¿Tal vez podría usar esos viejos contactos para entrar a la fiesta?

Buscó su antigua agenda y empezó a llamar uno por uno.

Al reconocer su voz, todos respondían con extrema cortesía, pero sus palabras eran vacías y llenas de excusas, sin rastro alguno del compañerismo que alguna vez compartieron.

Justo cuando estaba a punto de rendirse y buscar otra estrategia, finalmente alguien accedió: Julián Jiménez, el presidente de su clase en la universidad.

En el pasado le había confesado su amor y ella lo había rechazado amablemente.

"Julián, ¿de verdad puedes conseguir que entre?" preguntó una vez más, con incredulidad.

"Felisa, no digas tonterías", respondió la voz tranquila y segura de Julián. "Al fin y al cabo somos viejos amigos; invitarte no me cuesta nada. Nos vemos esta noche en el Hotel Palacio Imperial."

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