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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 192

La sala estalló en murmullos, y la frustración se extendió entre el personal y los inversionistas. Era evidente que todos estaban de acuerdo con Sarah.

—¿Y ahora exiges que te protejamos? —Sarah se rio con amargura—. Te pasaste, Vanessa.

Otro inversionista se inclinó hacia adelante con voz cortante.

—Escucha bien. Perdimos más de cinco mil millones en solo dos días. Si esto sigue así, no dudaremos en tomar acciones legales en tu contra.

Vanessa se rio con frialdad, aunque el corazón le latía con furia.

—¿Demandarme? Adelante. A ver quién gana. Todavía tengo a los Blake de mi lado.

Sarah abrió los ojos con furia.

—Ah, ¿así que ese es tu plan? ¿Esconderte detrás del nombre de tu padre cada vez que provocas un desastre?

—Mi padre sabe que soy la víctima aquí —respondió Vanessa—. No se va a quedar de brazos cruzados.

Un gerente giró la silla con exasperación.

—¿Víctima? ¡Tú causaste todo esto! Todos vieron los videos. ¡Ni siquiera puedes negarlos sin que se te note!

Vanessa se dejó caer contra el respaldo de la silla y cruzó los brazos con fuerza.

—Hablar con ustedes es inútil. Lo único que les importa es el dinero. ¿Creen que yo no perdí nada? Mi carrera, mi reputación... están en ruinas.

Sarah intervino de nuevo, acerada e implacable.

—Si sabes que tu reputación está arruinada, ¿por qué no empiezas a repararla? Una aclaración pública, una disculpa oficial... es el único camino.

Vanessa suspiró con tono despectivo.

—Jamás le voy a pedir disculpas al mundo. Ya se lo dije a Krystal: no me voy a rebajar por Daven, ni por Althea. Por nadie.

El silencio cayó, denso y asfixiante. Entonces Sarah habló, gélida.

—¿Es cierto que la retiraron como la modelo principal de la agencia?

—Nos informaron que su socio de marca internacional de toda la vida terminó el acuerdo con usted. ¿Es cierto, señorita Vanessa?

—Señorita Vanessa, por favor, denos su respuesta al escándalo que arrastra su nombre por el lodo.

Vanessa se detuvo. Solo un instante. Tomó una respiración larga, luchando por mantener la compostura aunque el cuerpo le temblaba bajo la tela impecable del abrigo. Entonces forzó una sonrisa, delgada y pulida, una máscara que apenas lograba sostener.

—Nada de lo que escucharon es cierto —dijo, con la voz imponiéndose sobre el caos—. Esas historias fueron inventadas para atacarme, para hundirme. Pero mírenme... sigo aquí de pie, ¿no?

Las palabras solo avivaron el frenesí. Los flashes se volvieron cegadores, el ruido ensordecedor. Vanessa levantó el mentón y se abrió paso entre el mar de reporteros como si nada la tocara, como si fuera intocable.

Pero una vez dentro del auto, la máscara se desmoronó. La sonrisa se derrumbó, el pecho le subía y bajaba con fuerza, y la furia le quemó las venas. Se cubrió la cara con las manos, ahogando los sollozos y los gritos que le arañaban la garganta.

—Tengo que encontrar la forma de darle la vuelta a esto —murmuró entre dientes apretados—. Ya vas a ver, Daven. Me voy a asegurar de arrastrarte conmigo a este escándalo.

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