—Buenas tardes, señorito Josh —saludó Arven con cortesía.
—Hola... ¿buenas tardes? —respondió Josh, aunque la mirada se le fue hacia Daven, preguntándole en silencio quién era ese hombre.
—Es Arven —le explicó Daven, revolviéndole el cabello con cariño—. Ya lo viste algunas veces, ¿no? Arven es mi asistente.
—Buenas tardes, tío Arven —repitió Josh, esta vez con mucha más seguridad.
—Por favor —dijo Arven, sosteniéndole la puerta del auto abierta.
Josh dudó, incómodo.
—Yo... puedo hacerlo solo, tío Arven.
—Pero me gustaría hacerlo por ti.
Eso le robó una sonrisa.
—Gracias.
Josh aceptó el gesto y subió al elegante auto negro de Daven. Se acomodó en el asiento acolchado, ajustándolo hasta que le quedó perfecto. Abrió los ojos con entusiasmo cuando vio una mesita con todos sus bocadillos favoritos. Y después... una pantalla plana reproduciendo una de las películas más populares del momento: Demon Hunter.
—Tu auto es... increíble —dijo Josh con los ojos brillantes.
—¿Te gusta? —preguntó Daven.
—¡Sí! —Josh le dio palmaditas al asiento junto a él—. Me gusta mucho.
—Voy a mandar a que...
—¿Puedo comer estos bocadillos, señor Guapo? Este tiene chocolate adentro, ¿verdad?
Daven contuvo la risa.
—Sí. Son todos tuyos. Pero por ahora solo uno. Primero el almuerzo; no queremos que te duela el estómago. No hagamos que mami se preocupe, ¿de acuerdo, campeón?
Josh asintió obediente.
—Cierto. No quiero que mami esté más triste de lo que ya está.
Aceptó la trufa de chocolate que Daven le desenvolvió y le dio un mordisco con pura felicidad.
—Está buenísima, señor Guapo. ¿Seguro que todo esto es mío de verdad?
—Sí. Toma lo que quieras. Si quieres, te mando más de estas a tu casa. Solo dime y lo hago realidad.
—Ya lo vi —dijo Daven con una sonrisa suave—. Parece que tienes talento para dar órdenes a los robots.
Bromeó con ligereza, aunque poco a poco una tristeza callada y el peso de sus remordimientos se le fueron asomando al semblante.
“Mi hijo está sano y tiene tanta energía. Está aquí a mi lado, y aun así no puedo abrazarlo como quiero. Dios mío... ¿qué se supone que haga?”
—¡Entonces seré el comandante de robots! —declaró Josh, empujando el juguete hacia él—. Señor Guapo, ahora tú dale una orden.
Daven tomó el robot, miró a Josh y murmuró:
—Bumblebee, avanza.
El juguete obedeció y Josh volvió a estallar en carcajadas.
—¡Perfecto! ¡También obedece tu voz! —Josh se golpeó el pecho con orgullo—. Eso quiere decir que somos un gran equipo.
Daven bajó la cabeza un poco para encontrarse con los ojos brillantes de su hijo.
—Sí. Somos un gran equipo.
“Mi maravilloso niño”. Apretó el robot con más fuerza, casi como si fuera lo único que le impedía extender los brazos, atraer a Josh hacia él y no soltarlo nunca.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...