La pregunta de Eli dejó a Riana con la cuchara suspendida en el aire. El silencio cayó de inmediato, denso e inconfundible. Como nadie respondió enseguida, Eli se removió inquieta en su asiento, tímida de pronto.
—Por lo general ella me avisa —añadió en voz baja—. Pero no me ha mandado ni un mensaje desde la mañana.
Su voz no era exigente. No estaba alterada; solo estaba confundida. Solo quería saber. Entonces, ¿por qué todos la miraban así?
—¿Pregunté… pregunté algo que no debía?
Daven fue el primero en reaccionar. Se volvió hacia ella con una actitud tranquila y firme. Lo último que quería era que se angustiara, o peor aún, que sospechara que le ocultaban algo a propósito.
—Tu mamá tiene que atender unos asuntos fuera —dijo con tono tranquilo y amable—. Puede que no vuelva a casa esta noche.
Eli parpadeó, confundida.
—Pero… ¿dónde está? Ella siempre me avisa.
Daven exhaló despacio.
—Tiene que ver con unos colegas que tú no conoces.
Ella le sostuvo la mirada un largo instante y le estudió la cara. Luego asintió poco a poco, como si aceptara que quizá su mamá no había podido avisarle. Después bajó la cabeza y siguió comiendo.
—No tienes de qué preocuparte —agregó Daven, para terminar de tranquilizarla—. Todo está bien.
Eli volvió a alzar la vista. Por un breve segundo, pareció dudar. Como si tratara de averiguar si él escondía algo, si tal vez mentía. Pero Daven seguía mirándola con esos ojos azul océano, firme, franco, sin vacilar.
Y de pronto se sintió tonta por dudar de él.
—Está bien —dijo en voz baja—. Gracias.
Lydia, sentada cerca, le sonrió con amabilidad y le puso una mano tranquilizadora en el hombro. La noticia sobre Selena Ward lo había sacudido todo de puertas para afuera, desde la confesión de Noel Abraham hasta el arresto de Harold. Cale le había confirmado a Lydia un rato antes que era cierto.
Esa mañana, Cale había ordenado que nadie en la casa encendiera el televisor ni navegara en internet, para evitar un momento como ese.
Ahora Lydia entendía por qué.
—Después puedes sentarte conmigo —dijo con ligereza—. Me encantaría que me hablaras de tus clases de canto.
Eli asintió y sonrió un poco más.
—Está bien, tía Lydia.
A Grace se le escapó un bostecito. Josh apenas se encogió de hombros y volvió a mirar lo que fuera que estaba viendo en el celular. El ambiente no recuperó del todo el tono juguetón de antes, pero tampoco perdió su calidez; simplemente quedó… más tranquilo.
Grace estaba cansada. Josh, distraído. Los adultos disimulaban el cansancio con expresiones serenas. Esa noche sería apacible. Después de días cargados de presión y emociones, por fin podrían dormir. Nathan se levantó despacio.
—Continuemos la conversación en el estudio.
Riana asintió.
—Le diré al personal que prepare un poco de té.
Daven tomó la mano de Althea y se la apretó con suavidad, como una promesa silenciosa de que todo estaba bajo control. Ella le devolvió el apretón, aunque todavía sentía un peso en el pecho.
—Por favor —les pidió Althea al personal en voz baja. Varios de ellos se acercaron de inmediato.

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