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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 333

Capítulo 333

-Grace, cariño, ¿segura que no quieres traer tu osito de peluche?

Althea hablaba con suavidad mientras le acomodaba un pequeño sombrero de sol en la cabeza a su hija de cuatro años.

-No hace falta, mami. Al osito le da miedo cuando llueve -rio Grace, balanceando su bolsita en forma de conejito sobre el hombro.

Josh, recostado en el sofá, le levantó una ceja.

-Grace, la semana pasada dijiste que el osito era valiente.

-Es valiente cuando está con papi -respondió Grace enseguida-. Pero papi está ocupado.

Daven, que bajaba las escaleras con el traje a medio abotonar, se quedó inmóvil al escucharla. Sonrió tenuemente mientras miraba a su hija.

-¿Quién dijo que papi está ocupado?

Grace se volteó hacia él, cruzó la sala corriendo y le abrazó las piernas con fuerza.

-¡Papi! ¿Vas a venir?

-Por supuesto -dijo Daven, alzándola en brazos -. Te prometí que hoy te llevaría al parque. Y una promesa así no se rompe.

Althea negó con la cabeza, tratando de disimular una sonrisa.

-Tenías que haber salido hace media hora, Daven.

-Ya le mandé un mensaje a Arven -dijo con tono despreocupado-. Puede empezar la junta sin mí un rato. El Grupo Callister no se va a venir abajo porque su director ejecutivo lleve a su hija al parque.

Josh se rio a carcajadas.

-Papá, esa es la misma excusa que usaste la semana pasada.

-Y funcionó esa vez también, ¿o no? -Daven sonrió de oreja a oreja y le lanzó una mirada cómplice a Althea.

Althea puso los ojos en blanco, pero le pasó una pequeña lonchera.

-Está bien. Pero después de esto, directo a la

oficina.

Daven bajó a Grace con cuidado y luego le revolvió el cabello a Josh.

-Hoy quedas a cargo de mami, ¿está bien? No la dejes mucho tiempo frente a la computadora.

Josh asintió con seriedad exagerada.

-Sí, señor.

***

El auto se deslizaba sin sobresaltos por las calles tranquilas rumbo al parque de la ciudad. Desde el asiento trasero, Grace cantaba bajito para sí misma, con su vocecita llenando el auto de calidez.

-Nunca pensé... -empezó Althea, con la mirada perdida en el paisaje afuera de la ventana.

-¿Pensaste qué? -preguntó Daven, con tono ligero.

-Que la vida pudiera sentirse así de tranquila - murmuró ella-. En ese entonces, jamás imaginé que la felicidad pudiera ser algo tan simple como llevar a nuestros hijos al parque.

Daven sonrió, sin apartar la vista del camino.

-Yo tampoco. Quizá porque antes perseguía cosas que nunca me hicieron feliz.

-¿Y ahora? -preguntó ella en voz baja.

-Ahora sé a dónde pertenezco -dijo con dulzura -. Trasladar la sede del Grupo Callister a Solaviz no fue solo una decisión de negocios. Fue para que cada vez que llegue a casa, pueda verlos a ustedes.

Por un momento, Althea no dijo nada, solo lo observaba con esa mirada... la que guardaba años de gratitud y amor sin pronunciar.

-Lo haces ver tan fácil, Daven.

-No siempre es fácil -admitió, mirándola con una pequeña sonrisa-. Pero por ti y por los niños...

siempre vale la pena.

-¡Papi, mira! -chilló Grace de pronto desde el asiento de atrás-. ¡Ese es mi parque nuevo!

Daven rio entre dientes.

-Muy bien, princesita. Veamos si ese parque es lo bastante grande para sostener tu sonrisa.

***

Josh apareció desde el otro lado del parque, un poco sin aliento.

-Papá, ¿adivina qué? ¡Mi maestra dijo que puedо entrar al concurso de ciencias la próxima semana!

-¿En serio? -dijo Daven con orgullo, dándole una palmadita en el hombro a su hijo-. Eso es increíble, Josh. Vas a ganar, seguro.

Althea sonrió con suavidad.

-Y cuando ganes, lo celebraremos en casa.

-¿Con el pastel de chocolate de mami? -preguntó Josh con entusiasmo.

-Por supuesto -dijo Daven-. Y papi va a ayudar a hornearlo.

Althea se rio, con los ojos brillando de diversión.

-¿Tú? ¿En la cocina?

Daven fingió ofenderse.

-Mejoré. ¿Te acuerdas del cumpleaños de Grace?

Hice panqueques... casi sin quemarlos.

Grace aplaudió, con la risa desbordándole.

-¡Papi es el mejor!

Daven los miró a los tres, su familia, y sintió una calidez silenciosa.

-No sé qué hice en mi vida pasada -murmuró-, pero estoy agradecido de haber tenido la oportunidad de hacer las cosas bien en esta.

Althea le tomó la mano, con un toque suave pero firme.

-Tal vez sea porque por fin aprendiste a amar de la manera correcta.

Y aquella tarde, bajo el cielo despejado de Solaviz, las risas de ellos se mezclaron con la brisa, sin prisa, sin preocupaciones.

Solo una pequeña familia que encontraba la felicidad en las cosas más simples.

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