Capítulo 360
-¿Adónde debería ir primero? -masculló Cale sin apartar la mirada del camino, aunque sus ojos se desviaban de vez en cuando hacia el expediente que descansaba en el asiento del copiloto-. ¿Al hospital, con Chris o con Daven?
Este mes había sido como una montaña rusa para ambas familias: sin pausas, sin respiro, solo una caída tras otra.
Cale exhaló con fuerza. Estaba a punto de girar hacia las oficinas centrales del Grupo TnC cuando, en el último segundo, dio un volantazo a la derecha.
Se dirigió a la oficina donde trabajaba Daven.
El trayecto hasta el Grupo Callister se sintió más largo de lo habitual. El tráfico pesado de Solaviz solo le enredaba más los pensamientos. No podía dejar de pensar en todo eso. La muerte de Kate Callister, oficialmente catalogada como un accidente provocado por un camión con los frenos averiados que embistió el costado derecho de su auto y mató a dos personas tras pasar por cuidados intensivos, nunca le había parecido lógico.
Y aunque habían declarado culpable al conductor
del camión, Cale aún no podía aceptar la explicación. Demasiadas cosas no encajaban.
Cuando entró al edificio de cristal del Grupo Callister, una ráfaga de aire frío lo envolvió. Caminó con una seguridad discreta. Al Ilegar al piso ejecutivo, se acercó a una de las secretarias. Su placa la identificaba como Olivia.
-¿Está adentro? -preguntó Cale con sequedad.
Olivia parpadeó, sorprendida.
-Sí, está, pero lo lamento, el señor Daven no recibe visitas hoy. ¿Puedo preguntar quién es usted?
Cale le dirigió una leve sonrisa.
-Cale Miller. Por favor, hágale saber que estoy aquí.
Olivia abrió mucho los ojos. Llamó enseguida a Arven. Tras un breve intercambio, aun así le advirtió:
-Solo... por favor, tenga en cuenta que no está en su mejor momento esta mañana.
-No hay problema. -Cale ya iba camino a la
oficina del CEO-. Gracias por la advertencia.
No tardó en llegar a las altas puertas dobles con la placa de CEO del Grupo Callister. Tocó dos veces y esperó el permiso antes de abrirlas de un empujón.
La oficina era un desastre, envuelta en una atmósfera tenue y pesada. Las cortinas estaban a medio correr, dejando entrar una fina rebanada de luz que apenas alcanzaba el escritorio. Una carpeta gruesa del proyecto del Departamento de Desarrollo Urbano yacía de costado, como si la hubieran arrojado ahí, y varios documentos quedaban dispersos por el piso.
-¿Señor Cale? -Arven sonó sorprendido-. Le dije a Olivia que le pidiera esperar un momento.
Cale rio entre dientes.
-¿Desde cuándo me gusta esperar, Arven? -Le estrechó la mano y le hizo un par de preguntas rápidas sobre cómo estaba. El asistente más confiable de Daven no necesitaba explicar lo que había pasado allí. La habitación hablaba por sí sola.
Daven levantó la cabeza. Tenía los ojos enrojecidos
y la mirada tensa; el traje arrugado como si se lo hubiera estado jalando.
-¿Cale? ¿Estás aquí? ¿Cuándo llegaste a Solaviz?
-Por supuesto que tenía que venir, ¿no? -Cale se adentró más en el cuarto-. Acabo de llegar y...



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