El auto se alejó del restaurante a un ritmo constante, deslizándose por las calles de Berlín, ya bañadas por el resplandor de la noche. Las luces de la ciudad se reflejaban de manera intermitente en las ventanillas; pero dentro del auto, el ambiente no podía ser más distinto. El silencio pesaba demasiado para lo que debía haber sido un trayecto tranquilo después de la cena.
Lydia iba sentada junto a Cale, con el cuerpo apenas inclinado hacia él, aunque no había nada de cómodo en esa cercanía. Mantenía los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho y la mirada fija en la ventanilla, como si las luces que pasaban pudieran distraerla de todo lo que venía conteniendo desde que salieron.
—Ni siquiera alcancé a probar el postre —murmuró Lydia al fin. Su voz era suave, pero interrumpió el silencio. No volteó; sus ojos seguían el reflejo de la ciudad en el vidrio—. Lo estuve esperando toda la velada.
Andrew, sentado adelante, la miró por el retrovisor. Mantuvo una actitud cortés, aunque no logró ocultar su curiosidad.
—¿Algo no fue de su agrado, señora? Regresaron antes de lo que tenía previsto.
Lydia tomó aire, tratando de mantener un tono ligero.
—No. El lugar era agradable. La comida estaba deliciosa. —Hizo una pausa y añadió, más sincera—: Es solo que... tuvimos que irnos antes.
—¿Por algo urgente? —preguntó Andrew con cautela.
Antes de que Lydia pudiera responder, habló Cale.
—No hay de qué preocuparse. Mañana seguiremos con el itinerario como estaba previsto.
Cale habló sin emoción, como si no hubiera pasado nada fuera de lo común. Andrew asintió levemente y no insistió más.
—Entendido.
Lydia le lanzó una mirada a su esposo.
—¿Eso es todo? —preguntó en voz baja.
Cale tardó en mirarla.
—¿Qué esperabas?
—Al menos una explicación —respondió Lydia, con un tono un poco más áspero—. Nos fuimos sin ninguna explicación.
Cale suspiró sin apartar la mirada del frente.
—Ya te lo dije. No es asunto nuestro.
—Todo se vuelve asunto nuestro cuando pasa frente a nosotros —respondió Lydia—. Era obvio que ella no estaba bien.
Las puertas del ascensor se cerraron y, por primera vez desde que salieron del restaurante, ninguno de los dos dijo una palabra.
Pero detrás del silencio de Lydia algo había cambiado. Y Cale lo sabía; sabía que, en cuanto la puerta de la habitación se cerrara... ya no podría seguir postergándolo.
—Ve a descansar, mi amor —dijo Cale en voz baja, apenas Lydia entró en la habitación.
—¿Qué? —Lydia lo miró confundida—. ¿Por qué tendría que dormirme sola? ¿A dónde vas?
Una sonrisa asomó en su cara.
—A ningún lado. Solo necesito un poco de espacio para hablar con alguien.
—¿Y yo no puedo escucharlo?
Cale le sostuvo la mirada un largo momento. Esa mujer, la única persona que había transformado su vida por completo, lo miraba con tristeza, decepción, esperanza... una combinación ante la que no podía negarse.
—Es solo que... —Bajó la voz, ahora más baja y pausada—. No saques conclusiones... antes de que termine.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...