Lydia sostuvo la mirada de Cale, escudriñándole la cara como si pudiera arrancarle la verdad. No aceptó de inmediato. Pero después de un momento, tras obligarse a pensar con más claridad, dejó escapar un suspiro suave.
—Está bien. Pero vas a explicármelo todo, ¿no? —dijo en voz baja—. ¿Sin más secretos?
Cale asintió, aunque su expresión reflejaba dudas.
—Lo intentaré.
No era suficiente, al menos no del todo. Pero Lydia podía verlo. Podía reconocer el esfuerzo, por pequeño que fuera. Y esa noche ya había sido demasiado, demasiado llena de cosas que no entendía. Por ahora... esa respuesta tendría que bastar.
Se dio la vuelta sin prisa y se dirigió al dormitorio sin decir nada más.
Detrás de ella, Cale la siguió con pasos más pesados que antes. En cuanto la puerta se cerró, se detuvo. Se quedó ahí parado unos segundos, tenso, dominado por una inquietud que intentaba ocultar. Pero su mente ya se anticipaba a lo que debía hacer.
Sacó el teléfono, miró la pantalla un instante y marcó un contacto. La comunicación se estableció casi de inmediato.
—Señor Cale. —La voz al otro lado sonaba tranquila y conocida.
—¿Dónde estás? —preguntó Cale, cortante.
—En Berlín —respondió el hombre—. Llegué hace una hora, más o menos.
Cale se acercó a la ventana y contempló el manto de luces de la ciudad, allá abajo.
—Bien. ¿Y la información que te pedí?
—La tengo lista.
Siguió una breve pausa. Cale no habló enseguida, pero el cambio en su expresión revelaba la gravedad del asunto. Ese no era un informe cualquiera.
—¿Sabes quién es esa chica? —dijo al fin.
—Si se refiere a la mujer que vio en el aeropuerto... sí, señor.
La voz al otro lado adquirió un matiz sutil pero perceptible. Ahora sonaba más cautelosa. Cale entrecerró los ojos.
—Dilo.
—Naomi Devereux.
Cayó el silencio. No una simple pausa. Algo más pesado, como si la noticia hubiera levantado una barrera entre los dos. Cale no se movió, pero la noticia lo sacudió por dentro.
—No es posible —dijo.
—La información apunta a eso, señor —continuó Vincent—. Es la última descendiente viva de la familia Devereux.
Cale exhaló despacio y apretó la mandíbula.
—Pero exterminaron a la familia Devereux.
—Eso se suponía.
Esa respuesta le arrancó a Cale una risa corta, sin humor. No había diversión en ella; solo un filo, como si la idea rayara en lo absurdo.
—Se suponía —repitió, y cerró los ojos un instante, como si intentara contener recuerdos dolorosos que llevaba años sepultando. Ese nombre representaba mucho más para él. Era un fragmento de un pasado que nunca dejó atrás del todo.
—Ella no estaba ahí en ese momento —agregó Vincent con cuidado—. Cuando ocurrió la masacre, la chica estaba en el extranjero.
Cale abrió los ojos despacio, y comprendió con mayor dolor la gravedad de todo aquello.
—¿Quién la escondió? —preguntó.
—Todavía no está del todo claro. Pero lo más probable... es que no tuviera opción.
Cale apartó la vista de la ventana y caminó despacio hacia el centro de la habitación. Cale intentaba unir con rapidez datos que aún no terminaban de encajar. Se dejó caer en el sillón, se recostó y se presionó la sien con los dedos, en busca de una salida a todo aquello.
Naomi Devereux estaba viva. El linaje de una familia que alguna vez había sido muy cercana a él todavía existía. Y ahora estaba atrapada. Eso no era coincidencia. Y Cale estaba seguro. Ese hombre sabía exactamente quién era Naomi.
—¿Investigaste a los hombres que estaban con ella en el restaurante? —preguntó Cale.
—Son parte de la red de Falcon. Ya lo confirmé.
Cale asintió apenas, como si no esperara menos.
—Quiero todo sobre Falcon —dijo con firmeza—. Sus negocios. Sus conexiones. Y... sobre todo, por qué tiene a Naomi.
—Sí, señor.
—Y una cosa más. —Cale bajó la voz, ahora tranquila pero mucho más amenazante—. Asegúrate de que la familia Evermont no se entere de esto. No quiero que haya más sangre.
Vincent no respondió enseguida. Pero Cale lo sabía. Entendía perfectamente lo que significaba esa orden. Infiltrarse en una organización manejada por la familia Evermont nunca fue sencillo. Incluso ahí, en Berlín, nada descartaba la posibilidad de que actuaran... en cuanto supieran que un miembro de la familia Devereux seguía con vida.
—Sí, señor.
La llamada terminó. Cale bajó el teléfono despacio. La habitación volvió a quedar en silencio; solo quedó el murmullo tenue de la ciudad afuera. Pero esta vez... sus pensamientos no le daban tregua.
Naomi Devereux. No sabía si sentir alivio o una profunda tristeza al saber que ella seguía viva. ¿Cómo había sobrevivido sola todo ese tiempo? ¿Sin nadie en el mundo a su lado? No.
Él debió estar ahí. Debió ser él quien estuviera a su lado; quien la guiara, la protegiera y le enseñara todo, en especial lo que significaba cargar con el orgullo de la familia Devereux. Pero...
Cale desvió la mirada hacia la puerta del dormitorio. Detrás estaba Lydia. Ella era la vida que quería proteger. El mundo que había elegido. Porque cuando volviera a meterse en aquello... no habría vuelta atrás fácil. Suspiró despacio, abrumado por la decisión, antes de dirigirse por fin a la puerta. Esta vez... no podía seguir ocultándoselo.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...