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El Precio del Desprecio: Dulce Venganza romance Capítulo 1136

Luis terminó de firmar y al levantar la vista vio a Sara. Su mirada se detuvo un momento.

Hoy Sara había llegado con un abrigo negro, pero ahora que se lo quitó dejó ver la ropa que traía debajo: un vestido negro entallado y lo más importante, medias negras.

Sus piernas eran hermosísimas, largas y rectas. Ahora con las medias negras llamaban muchísimo la atención, en sus pies unos tacones de aguja. Con solo quedarse ahí parada leyendo resaltaba su figura perfecta y curvilínea.

Luis tenía muy buen ojo para elegir mujeres y tenía que admitir que su esposa de matrimonio arreglado era de primera en todos los aspectos.

Rostro de primera, figura de primera, talento de primera y gusto de primera para vivir.

Los Rodríguez eran una familia de élite y esta era la nuera que Lionel había elegido cuidadosamente entre miles. No había error.

—Señor Rodríguez, la reunión está por comenzar —dijo Lauro.

—Cancela la reunión.

Lauro se quedó sin palabras.

—¿Señor Rodríguez, qué dijo?

—Cancela la reunión y además despeja toda mi agenda de hoy. Voy a descansar.

Lauro quedó atónito. Llevaba varios años trabajando con Luis y era la primera vez que veía a este adicto al trabajo dejar de trabajar.

Luis miró a Lauro.

—Ah, y también consigue dos boletos para el cine.

Lauro lo entendió de inmediato.

—Señor Rodríguez, ¿planea tener una cita con la señora?

Luis levantó las cejas. Ella ya se lo había pedido, obviamente no podía negarse.

—Señor Rodríguez, ¿qué tipo de película le gusta a la señora?

—Elige alguna romántica.

—Sí, lo hago ahora mismo.

Lauro tomó el documento y se fue. Luis se levantó y fue hasta Sara, quedándose detrás de ella.

—¿Lo hiciste a propósito?

Luis bajó la cabeza para besarla en los labios, pero Sara sonriendo se apartó.

Los ojos de Luis ardían de deseo. Ella lo había provocado y al verla alejarse, apretó con fuerza su mano grande y la encerró en sus brazos.

—¿Por qué te alejas?

Sara lo miró.

—Señor Rodríguez, creo que ahora deberías estar ocupado trabajando. Después de todo, anoche te fuiste al estudio a trabajar y me dejaste sola. ¡Pasé toda la noche abandonada!

Luis lo comprendió. Lo estaba haciendo a propósito, era su venganza.

Ahora sus ojos brillaban, escondían picardía, se veía tan viva y animada que resultaba imposible apartar la mirada.

Luis le sujetó la nuca con su mano grande y la besó con intensidad en los labios.

Sara en ese momento no iba a arruinar el ambiente. Lo rodeó con los brazos por el cuello y comenzó a corresponderle.

Los dos fueron desde el librero hasta el escritorio besándose. Luis estiró la mano y de un empujón la recostó sobre el escritorio.

El costoso escritorio de ébano negro desprendía un tono frío que hizo que Sara se estremeciera. En ese momento los besos de Luis la cubrieron como una tormenta.

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