—¿Hermana, tampoco te vas a enojar por esto, verdad?
Carolina que no regresara a casa era una cosa, pero no iba a permitir que su espacio fuera invadido por otras porquerías.
Sonrió de lado, sin importarle la suciedad, levantó la caja de cartón del suelo y la aventó directo al cuarto de Zoe.
—¡Oye, hermana! ¿Qué te pasa? ¿Estás loca o qué?
Carolina le respondió con una sonrisa tranquila.
—Antes no, pero hoy sí tengo ganas de volverme loca.
El escándalo arriba finalmente llamó la atención de Pablo.
—Estela, ve a ver qué pasa allá arriba, ¿por qué están armando tanto alboroto?
Estela se levantó con gesto resignado.
—Ay, Carito… Siempre es lo mismo, en cuanto llega, se pelea con Zoe.
Alexis, en realidad, casi nunca iba a la casa de los Sanabria.
Aunque llevaba cinco años de novio con Carolina, las veces que había ido se podían contar con una mano.
—Señor Pablo, si quiere, yo subo a ver qué sucede.
—No hace falta, tú quédate aquí. Entre hermanas siempre discuten, es lo más normal.
Estela subió y encontró a su hijastra, desatada, lanzando todas las cajas y cosas regadas al cuarto de su hija.
—Carito, ¿se puede saber qué estás haciendo?
Carolina la miró de reojo, con una expresión impasible.
—Zoe ya va a graduarse este año, ¿no? Ya no es una niña. Pero, señora Estela, debería enseñarle a comportarse. Si sale así a la vida, lo único que va a lograr es que la gente la critique por no tener educación.
—¡Tú…!
—Ya, ya, Zoe todavía no entiende bien las cosas. Solo usó un rato tu cuarto, tampoco es para tanto. El año que viene voy a hablar con Pablo, esta casa ya necesita una buena remodelación.
Los ojos de Carolina se oscurecieron. Esa casa era el último recuerdo de su madre cuando era niña.
¿Ahora querían borrarle hasta eso?
—Perfecto, señora Estela, mejor ni la remodelen. ¿Por qué no le pide a mi papá que le compre a Zoe una casa nueva para su boda? Al fin que la abuela ni va a estar de acuerdo con la remodelación.
El gesto de Estela se endureció.


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