Kevin captó la indirecta al instante: al parecer el jefe quería una noche absolutamente privada.
...
Carolina llegó temprano al despacho solo para que Hugo la llamara de inmediato a su oficina, como si la estuviera interrogando.
—Carolina, anoche me quedé pensando... Esto no cuadra. Te casaste, ¿pero ya tuvieron la boda?
Carolina bajó la cabeza, incómoda.
—Todavía no.
—¿Y ya compraron casa? ¿Ya arreglaron lo de los regalos y el dinero? ¿No crees que fue muy apresurado todo esto?
—Jefe, la casa ya la tienen, mi papá está feliz con eso. Lo de los regalos y el dinero ya quedó claro, no tiene de qué preocuparse.
A veces Carolina sentía que Hugo era más como su papá que su jefe.
Pero no podía decirle la verdad. No importaba lo exitoso que fuera Mauro, si Hugo se enteraba de que ella solo se había casado para aprovechar una oportunidad, seguro que no estaría de acuerdo. Mejor dejarlo en la ignorancia y ahorrarle preocupaciones.
A Hugo no le convencían esas respuestas tan vagas; soltó un suspiro.
—No quiero ser necio, pero casarse es tan importante como elegir trabajo. Si escoges un empleo que no te convence, lo puedes dejar. Pero si te casas con alguien que no te llena, cambiar es mucho más complicado.
—Sí, jefe, lo tengo claro.
—Por ahora, todo pinta bien con él. Estoy satisfecha, no planeo cambiar nada. Pero si algún día me aburro, me recomienda unos abogados expertos en divorcios, ¿va?
—¡Ay, tú y tu boca! —le soltó Hugo, entre fastidiado y divertido—. ¡No digas esas cosas! Ni siquiera han hecho la boda y ya andas diciendo esas desgracias.
Cuando Carolina lo vio sonreír, finalmente pudo relajarse.
...
Por la tarde, Hugo fue a Grupo Loza y se detuvo a platicar un rato más de la cuenta en la oficina de Gonzalo.
—¿La vez pasada te topaste con nuestro Sr. Loza?
—Así es, Sr. Gonzalo. Seguro que también le sorprendió, ¿no? Quién diría que el Sr. Loza es tan relajado, hasta se sentó a comer con nosotros.
Por supuesto, no mencionó el tenso cara a cara entre Mauro y Mateo de aquel día.
Gonzalo, siempre atento, notó algo raro.
—Jeje, abogado Hugo, parece que usted aprecia mucho a la abogada Carolina, ¿eh? Llevarla a una reunión así, impulsarla...
Hugo agitó la mano, pero por dentro resoplaba: ¿Por qué Gonzalo se interesa tanto en su protegida?
Así que respondió con toda intención:
—Pues quería ayudarle a encontrar pareja. Conozco a un fiscal joven que sigue soltero, hasta quería presentárselos. ¡Pero nada, mi protegida ni pío y de repente, zas, se casa de volada!
—¿Se casó de golpe?

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