[#El heredero de la alta sociedad de Ciudad del Confluente le pide matrimonio a Carolina #]
En cuestión de minutos, el tema explotó en tendencias y se volvió el número uno en la lista local.
Los comentarios se dividían entre la envidia, la burla y la indiferencia.
[Carolina, ¿quién eres en verdad? ¡Dame chance de desmayarme dos días y meterme en tu piel a vivir esta novela!]
[Carolina, de verdad que te la estás pasando bomba, ¡qué envidia!]
[¿Nadie piensa que esto es una locura? Si te van a pedir matrimonio, mejor háganlo en privado, en casa, sin tanto show y sin tirar la casa por la ventana.]
[Si tienen dinero, pues que lo gasten. Los de arriba, ¿para qué tanto veneno?]
[¡Qué coraje! Ya vi que solo somos NPC’s insignificantes en este mundo. Felicidades, Carolina Sanabria, ¡de verdad!]
Alexis observaba el video que se volvió viral y las publicaciones donde Mauro presumía, sin pudor, su amor. El vaso de vidrio en su mano terminó hecho añicos bajo sus dedos de tanta furia que contenía.
A su tío le valía poco y nada lo que pensara la familia, y menos él. No le bastó con dejarlo en ridículo en la boda, ahora también lo hacía a nivel nacional, con todos los ojos encima.
En ese instante, Marisol, vestida apenas con una pijama de encaje, entró a la oficina y se topó con la mano de Alexis empapada en sangre.
Ella estaba desesperada por arreglar las cosas con él; sabía que si perdía su cariño, su posición dentro de la familia Loza se vendría abajo.
Sin pensarlo, le tomó la mano y, con el rostro lleno de preocupación, preguntó:
—Alexis, ¿qué te pasó en la mano?
—No es nada —le contestó él, en un tono más grave de lo normal, e intentó zafarse.
Pero Marisol no estaba dispuesta a soltar esa oportunidad para congraciarse.
A toda prisa, fue por el botiquín y comenzó a curar con cuidado la herida, soplando con suavidad para calmar el ardor. Ese gesto tan cálido hizo que Alexis entrecerrara los ojos, como si el enojo se disipara un poco por dentro.
—Alexis, sé que últimamente han pasado muchas cosas y no te he visto contento. Pero lo que siento por ti no cambia, Alexis, te juro que te amo.
Marisol estaba al borde de las lágrimas, con los ojos rojos e hinchados. Se arrodilló junto a él, justo entre sus piernas, y ese gesto logró que Alexis, aunque fuera por unos segundos, sintiera alivio.
—¿Marisol, de verdad te gusto tanto?
—Claro que sí —murmuró ella, bajando la mirada, con un sonrojo tímido—. ¡Me encantas, Alexis! ¡Eres lo que más quiero en el mundo!

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