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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 221

Alexis sentía que últimamente andaba como alma en pena, siempre distraído, con la cabeza en cualquier lado menos en el trabajo.

—Señor Loza, ¿seguimos con las actividades de promoción de la señorita Marisol?

—Como quieran, ustedes decidan —aventó, sin ganas.

Ya ni tenía cabeza para vigilar la carrera de Marisol en el mundo del espectáculo.

—Ayúdame a contactar al abogado Rafael. En la tarde voy yo mismo a su despacho.

La secretaria se quedó helada.

—¿A Bufete Majestad, jefe?

—Sí, ahí mismo.

—Entendido, señor Loza. ¡Enseguida hago la llamada!

¿Qué razón tendría el jefe para ir en persona al despacho? ¿Será que venía una bomba de esas que sacuden la oficina?

La secretaria salió disparada del despacho presidencial y se puso a marcarle al asistente de Rafael en Bufete Majestad. Pero la respuesta no fue la esperada: Rafael andaba de viaje por trabajo esos días.

—Señor Loza, Rafael está fuera por trabajo. ¿Le parece si reagendamos para el martes de la próxima semana? Ese día ya regresa.

—El martes no. —Alexis negó con la cabeza.

El martes ya era demasiado tarde.

Necesitaba ir a Bufete Majestad ahora mismo, sin perder ni un minuto. Quería verla. Y esa era la única forma justificada de hacerlo.

—Entonces contacta a la abogada Alejandra, seguro ella sí está.

—...Está bien.

La secretaria, toda formal, salió del despacho con cuidado.

Ya era evidente: el jefe no solo le daba importancia, sino que había una urgencia tremenda por ver a la abogada. Y, pensando en lo distante que se había mostrado últimamente con Marisol, la secretaria olió el chisme del año.

...

En Bufete Majestad, Alejandra estaba entre confundida y emocionada.

No esperaba que Alexis fuera personalmente a verla al despacho.

—Señor Loza, ¿le ofrezco café o alguna bebida?

Alexis, sentado en la sala de reuniones, miró alrededor buscando algo.

—Lo que sea, está bien.

Alejandra, nerviosa, fue ella misma a prepararle un café americano.

Alexis estiró el cuello, escaneando cada rincón. Pero no veía a Carolina por ningún lado. Frunció el ceño, molesto.

Justo entonces, Alejandra volvió con el café y, al ver la expresión de Alexis, pensó que era porque no le gustaba lo que le había servido.

Con una sonrisa incómoda, preguntó:

—Señor Loza, si gusta, puedo traerle otra bebida.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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