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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 222

Alexis sintió que la comisura de sus labios temblaba un poco.

—Abogado Hugo, ¿hoy no vino la licenciada Carolina?

A Hugo le caían mal los tipos falsos, y lo dejó claro en su respuesta.

—Ah, Carolina dijo que hoy iba a regresar a casa para celebrar el aniversario con su esposo, así que no pudo venir.

Las personas presentes se miraron entre sí, sorprendidas.

—¿En serio? ¿Carolina ya se casó?

—Sí, ya se casó. Le daba pena platicarlo con todos, pero su esposo la trata muy bien. Los dos se ven súper enamorados.

Alexis sintió un nudo en el estómago. Sin decir palabra, vació de un trago la copa que tenía en la mano.

Hugo sonrió con picardía.

—Señor Loza, hoy lo veo de muy buen ánimo, así que yo también le acompaño con otra copa.

Ya había decidido que esa noche iba a dejar a Alexis tirado de tanto tomar.

Hugo se sentó justo al lado de Alexis, empujando a Alejandra hasta la orilla del sofá.

Ulises y Hugo, uno a cada lado, se encargaron de animar la “fiesta”, llenando los vasos sin parar. Alexis, con la cabeza en otro lado, apenas y notaba el sabor amargo del alcohol, pero seguía bebiendo copa tras copa.

No pasó mucho tiempo antes de que ni siquiera pudiera encontrar el camino al baño.

Fue Hugo quien, a regañadientes, lo llevó hasta el baño, casi cargándolo.

—Carito… qué corazón tan duro tienes… —murmuró Alexis, arrastrando las palabras, completamente fuera de sí.

Al escucharlo, el gesto de Hugo se endureció de inmediato.

¡Era increíble! ¡Con qué cara venía este tipo a hacerse el sufrido, cuando él mismo había lastimado a su querida alumna!

Hugo lo empujó hasta el lavabo.

—Señor Loza, ya se le subieron las copas. Déjeme ayudarle a despejarse un poco.

Sin decir más, lo sujetó y le abrió la llave, dejando que el chorro helado de agua cayera directo sobre la cara de Alexis. El frío lo sacudió por completo.

—Échese más agua, se va a sentir mejor así.

Y no se detuvo hasta dejarlo completamente empapado.

Alexis, tambaleante, logró zafarse y se sacudió la cabeza. Sus ojos recuperaron algo de claridad.

—Abogado Hugo, ¿y ahora qué está haciendo…?

—Una disculpa, señor Loza. Es que se quejaba tanto, pensé que el agua fría le ayudaría a sentirse mejor.

Alexis se miró: el traje arruinado, la camisa pegada al cuerpo, el cabello y la cara chorreando.

Parecía un desastre.

—Ya estuvo, no me voy a poner a reclamarte —dijo Alexis, agitando la mano con fastidio—. Mejor vete tú. Diles a todos que yo ya me fui.

Aprovechando el valor que le daba el alcohol, marcó el número y, sin esperar respuesta, habló con voz suplicante:

—Carito, soy yo… Alexis. No te imaginas cuánto te extraño. Siento que me voy a volver loco extrañándote.

—Carito, acepto que fue mi culpa antes, pero… ¿podemos volver a estar bien? No te cases con mi tío, por favor. No soporto la idea de verte con otro, y menos si es mi propio tío…

—Carito, yo sé que solo aceptaste casarte con él por coraje, para hacerme enojar, ¿verdad?

Los ojos de Mauro destellaron con furia, y su voz sonó tan cortante como el filo de un cuchillo:

—Alexis, ¿estás bien de la cabeza? ¿Qué haces llamando en la madrugada al celular de tu tía?

—Y todavía tienes el descaro… Nunca me había dado cuenta de lo descarado que podías ser.

—¿Que Carolina se va a casar para molestarte a ti? Por favor, bájate de esa nube.

—Ridículo.

Sin perder más tiempo, Mauro colgó la llamada y bloqueó el número sin dudar.

En la cama, Carolina murmuró, incómoda, y se dio la vuelta.

—Está muy ruidoso…

Mauro se acercó despacio, se acomodó a su lado y la abrazó suavemente.

—No te preocupes, mi amor. Ven, déjate apapachar por tu esposo. Vamos a dormir.

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