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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 31

La oficina de Alexis tenía un aislamiento tan bueno que, pese a que Carolina había soltado una retahíla de palabras contundentes ahí adentro, afuera no se escuchó ni un suspiro.

Carolina salió del despacho erguida, caminando con paso firme y la frente en alto, tanto que Lourdes se quedó boquiabierta.

¿Ya estuvo? ¿Nada más así?

Según ella, Carolina debería haberse ido toda encogida, como si la hubieran regañado, pero nada. ¿Será que el señor Loza no la regañó? ¿O será que el jefe sí sabe aguantarse?

Lo que Lourdes no imaginaba era que el jefe no es que no quisiera regañar a Carolina, sino que de plano no pudo ganarle la discusión.

...

Carolina esperó el elevador. Todavía traía las emociones a tope y, justo cuando sentía que la quemadura en el cuello ya se le había calmado, volvió a arderle como si la hubieran puesto sobre una estufa.

Por dentro, no podía dejar de pensar: “¿Qué clase de ojos tiene Alexis? ¡Definitivamente está ciego!”

Una amargura le apretó los labios. Y se dio cuenta de que también ella estaba ciega. ¿Cuánto tiempo llevaba persiguiendo a alguien que ni la quería? Si eso no era andar a ciegas, entonces, ¿qué era?

...

El silencio en la oficina de Alexis era tan denso que se podía escuchar caer una pluma. Pasó un rato antes de que Alexis soltara el aire que llevaba contenido en el pecho.

—Marisol, no estés triste. Ella es así, tiene la lengua filosa. Pero tranquila, yo no voy a dejar que te quedes así, con el pleito en el aire.

—Esto no se va a quedar así, te lo aseguro.

Mientras hablaba, Alexis marcó el número del señor Pablo.

Aunque, para ser sinceros, ni hacía falta que él llamara. Zoe ya estaba en la oficina de su papá, llorando tanto que apenas le quedaban lágrimas.

—¡Papá! ¿De verdad no le vas a decir nada a Carolina? ¡Mira cómo me dejó el cuello, los hombros, todo rojo!

—Papá, ¡mira este ampollón! El doctor dijo que por lo menos me voy a tardar medio mes en curarme.

Estela, la madrastra, miraba a Zoe con el corazón hecho trizas. ¿Cómo podía su hijastra hacerle esto a su niña? ¿Quería dejarla marcada para siempre?

—Pablo, cada vez que Zoe y Carolina tenían sus peleas, yo siempre apoyé a Carolina. Pero esta vez, Carito se pasó de la raya. Zoe es una muchacha, y en un futuro se va a casar.

Sus palabras estaban llenas de insinuaciones, como si Carolina fuera una persona malintencionada.

El rostro de Pablo se puso tenso.

—Esta hija desobediente... Ya verás, le voy a llamar ahora mismo.

Marcó tres veces, pero Carolina no contestó.

Entonces, Pablo decidió llamar directamente al asilo.

—¿Aló, director? Soy Pablo. Quiero llevarme a mi mamá a casa. ¿Me puede ayudar a organizarlo?

—Eh... bueno...

—Pero hace unos días, su hija vino a pagar un mes más, señor Pablo, ¿está seguro de que quiere llevársela?

Capítulo 31 1

Capítulo 31 2

Capítulo 31 3

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