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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 32

Alexis miró a su hermana y sintió una punzada en el corazón, mientras en su mente lanzaba una maldición contra Carolina.

Todo era su culpa. Si no fuera por ella, ¿acaso sus papás habrían malinterpretado a su hermana?

Petra, sosteniendo el botiquín, retiró la venda con cuidado. Al ver que solo había una marca roja leve por la quemadura, suspiró aliviada.

—Marisol, ¿cómo es que no te cuidaste? Me preocupa que vivas sola. Mejor vente de regreso a casa —sugirió.

—Mamá, no hace falta, de verdad. A veces me pongo a practicar canciones en la madrugada y así en la casa grande no los molesto.

Petra soltó una risa suave.

—Desde niña dijiste que querías ser una gran estrella. ¿Ahora sí vas a entrar de lleno al mundo del espectáculo?

Marisol bajó la mirada y sonrió tímida.

—Últimamente escribí una canción, estoy grabando una maqueta, pero ni sé si algún día podré sacar un disco.

Alexis, al ver la sonrisa de su hermana, sintió cómo una calma desconocida le recorría el pecho.

—No te preocupes, yo te ayudo a sacar el disco —aseguró.

Petra asintió con un gesto tranquilo.

—Eso, mejor firma con la compañía de tu hermano. Nadie se va a atrever a meterse contigo. Tú disfruta y haz lo que quieras, y si un día te aburres, que tu papá te ponga en un puesto relajado en el grupo y ya.

Con Marisol, los Loza siempre habían sido atentos y cariñosos.

Aunque era adoptiva, jamás le faltó nada de lo que le correspondía como hija de la familia Loza. Solo había una condición inamovible: Marisol solo podía ser su hija. En todo lo demás, estaban dispuestos a ceder.

...

Benjamín bajó las escaleras y solo encontró a la familia del hijo mayor.

—¿Mauro todavía no llega? —preguntó.

Tadeo respondió:

—Cuando salí de la oficina, Mauro seguía en una reunión. No debe tardar.

Apenas terminó de hablar, Mauro apareció en la puerta.

Se quitó el saco con tranquilidad y lo dejó a un lado. Echó un vistazo alrededor y notó que nadie se había sentado todavía.

—¿Me estaban esperando? —preguntó, con ese aire sereno que no combinaba con su edad.

Siempre había destacado por esa madurez y aplomo que desentonaba con los jóvenes de su generación.

Benjamín soltó una carcajada.

—No fue tanto, ven, siéntate a comer con nosotros.

Alexis se quedó viendo a su tío con cierto asombro. Si él fuera tan fuerte como su tío, ¿también estaría tan preocupado todo el tiempo?

—Alexis, ¿no te vas a sentar? —le llamó Mauro.

—¡Ya voy! —contestó Alexis de inmediato.

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