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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 41

Apenas Carolina cruzó la puerta, Petra la recibió con una gran sonrisa.

—Carito, ¡por fin llegaste!

Antes de que pudiera reaccionar, la madre de Alexis la jaló cariñosamente para que se sentara a su lado, aunque a Carolina todavía le resultaba un poco incómodo. Petra siempre la había tratado bien, pero jamás había sido tan atenta como en ese momento.

Benjamín, que había escuchado la voz de Carolina, salió del estudio y bajó las escaleras.

—Jeje, Carito, acabas de salir del trabajo, ¿verdad? ¿Cómo va todo en la oficina? Te ves más delgada otra vez.

Carolina, rodeada de tanta atención, se sentía un poco fuera de lugar.

—Sr. Benjamín, la verdad sí ha habido bastante trabajo últimamente, pero nada que no pueda manejar.

—Eso está bien, nuestra Carito siempre tan capaz. ¿Ya sanó la quemadura en tu cuello?

Carolina se quedó sorprendida, ¿cómo se habían enterado de eso? Instintivamente se tocó el cuello y sonrió, quitándole importancia.

—Ya estoy bien, ni duele.

Benjamín, al ver a su nieto parado como estatua a un lado, se impacientó.

—¡Alexis, ven para acá!

—¡Ven y pídele disculpas a Carito!

Carolina alzó ligeramente las cejas y observó cómo Alexis, con cara de fastidio, se acercaba a regañadientes. Ella intentó restarle importancia al asunto.

—No es necesario, Sr. Benjamín. Tampoco fue culpa de él.

No necesitaba disculpas de nadie, y menos si solo lo hacían por compromiso.

—Sí que debe disculparse. Alexis es muy distraído, pero no es que no te quiera, Carito. Nomás que anda tan ocupado… Por favor no te molestes con él —intervino Petra, apoyando el regaño.

Alexis respiró hondo, bajó la cabeza y murmuró:

—Perdón.

—¡Habla más fuerte! —Benjamín lo fulminó con la mirada.

Alexis apretó la mandíbula y levantó la voz.

—Perdón, no sabía que te habías quemado.

Carolina apenas pudo evitar soltar una carcajada sarcástica para sí. ¿Y si hubiera sabido? ¿Acaso la habría puesto primero, antes que a su adorada hermana?

Mauro, con sus largas piernas relajadas, cruzadas una sobre otra, lanzó una mirada penetrante a Alexis.

—¿Y la otra disculpa qué? Falta una.

Alexis frunció el ceño.

—Tío, Marisol no tuvo nada que ver. Ella no sabía que Zoe iba a hacer una locura.

Carolina la miró de reojo, con una sonrisa helada.

—¿Así que ahora me quieres obligar a perdonarte, Marisol?

—Ya que estamos hablando claro, yo también tengo algo que decir. Se lo mencioné a Alexis antes, abuelo, no sé si él ya le contó.

El corazón de Alexis dio un salto. ¡Esta mujer estaba loca! ¿De veras iba a decirlo frente a todos? ¿Iba a anunciar que quería cancelar el compromiso?

Petra también se alarmó y enseguida tomó la mano de Carolina.

—Ya, Carito, mejor platicamos después de cenar. Ya casi son las siete, seguro tienes hambre.

Tadeo, que no había dicho ni una palabra en toda la velada, miró a su esposa y pareció entender lo que estaba pasando.

—Sí, mejor cenemos primero. Papá, ¿empezamos ya?

Mauro, medio sonriendo, se levantó y echó una mirada fugaz tanto a Marisol, que parecía a punto de desmayarse, como a Alexis, que tenía el ceño tan marcado que se le notaba la angustia.

En ese instante, Alexis temió de verdad que Carolina fuera a soltar la bomba. Temía que, si lo hacía, su hermana acabaría siendo enviada al extranjero otros cinco años.

Durante la cena, todos picoteaban la comida, sin ganas ni concentración.

Carolina había decidido darle un último gesto de cortesía a Petra, pero tenía claro que, pasara lo que pasara, esa noche dejaría todo claro.

—Abuelo, papá, mamá, ya terminé. Me voy a mi cuarto —dijo Marisol, siendo la primera en dejar el tenedor sobre la mesa.

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