~Scarlett
—¿¡Quéeee?! —gritó la voz de Olivia Keen— ¡Estamos en la oficina de tu papá! ¿Tienes idea de lo sagrado que es este lugar para nosotros? ¡Es el cuarto prohibido!
Blanqueé los ojos y le susurré a Lucas:
—¡Ya voy para allá!
Había que reconocerlo: las mujeres malas son malas con todo el mundo... incluso entre ellas. Eran egoístas, insoportables, dañinas, traicioneras. Pero por alguna razón, siempre se perdonaban. ¿Sera por eso que dicen de que los iguales se atraen?
—Qué cuarto prohibido, ni que nada ¡Eso es una tontería! —exclamó Ava, cerrando la puerta— ¿Acaso el despacho de tu papá está abierto para todos?
No escuché el clic del interruptor. Así que seguramente el cuarto seguía a oscuras. Lucas podía esconderse, pero no por mucho tiempo. Solo de pensar que Ava pegaría un grito en cualquier momento y llamaría a la policía me ponía los pelos de punta.
No podía permitir que Lucas se metiera en problemas por mi culpa.
—Pues sí, más o menos —respondió Olivia con un tono indiferente— ¿Quién juega a ser espía en su propia casa? ¿Qué es tu papá, un agente del FBI? Hey, ¿puedo traer a mi novio aquí para besarnos?
Pobre Lucas si Ava llegaba a decir que sí.
—¿¡Estás loca o qué?! —le dijo Ava entre dientes, furiosa— Papá me dio la misión de vigilar a esa perra, si no, ¡ni siquiera me dejaría entrar aquí! ¡Te mato si llegas a traer a alguien más!
—Ya, cálmate... —murmuró Olivia. En mi cabeza podía verla perfectamente, rodando los ojos—Nosotras no podemos ni entrar, pero tú sí puedes abrir la caja fuerte, ¿eh? Yo pensé que tu papá tenía un cadáver escondido ahí.
—¡Te dije que esto era solo por esta vez! —gritó Ava, molesta— Papá me pidió que cambiara la contraseña, y te estoy dejando ver algo que ni yo había visto antes, ¿ok? Así que agradece y cállate.
¿En serio? ¿Así de fácil íbamos a ver la contraseña? Jamás lo habría imaginado.
Al parecer, Lucas pensaba lo mismo, porque dio dos toques rápidos sobre la pantalla: era nuestra clave para pausar la operación. Me detuve, no muy lejos del despacho, esperando en silencio... pero sí, también quería esa maldita contraseña.
¿Era por miedo a que yo le robara? ¿O tenía esos lingotes con otro propósito... como para pagar y cambiar la historia?
—¿Tienes la contraseña? —le susurré a Lucas, cubriéndome la boca con el cabello.
Dos toques más. No quería que atrajera a Ava. ¿Qué estaría viendo Lucas como para arriesgarse tanto y quedarse?
—¿¡Qué es eso!? —gritó Olivia de nuevo, con un tono emocionado. La voz de Ava también sonaba satisfecha.
—¡Bingo! Sabía que papá tenía algo bueno escondido aquí —dijo Ava, emocionada— ¡Apuesto a que es el regalo de aniversario para mamá! Mira el tamaño de esa piedra...
—¡Y no solo el tamaño! —Olivia sonaba más eufórica que ella— ¡Las cuatro C están perfectas en esta joya! ¡Es el collar más bonito que he visto! Aunque la cadena está algo vieja, tiene un poco de óxido.
—¡Eso no importa! —gritó Ava, su voz temblando de la emoción— ¡Ayúdame a ponérmelo! Esta noche los voy a dejar con la boca abierta con esta joyita.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ella Aceptó el Divorcio, Él entró en Pánico