~Scarlett~
—¿¡Y qué fue eso?! —exigió Ava, acercándose de nuevo a la puerta de la oficina.
¡Jueputa! Me escuchó.
Sebastián tocó el vidrio de la puerta suavemente y señaló el seguro. Por suerte, con los gritos locos de Ava y el ruido de la perilla, logré abrir la puerta sin que se notara.
—¿Cómo? —empecé a decirle, pero él me tapó la boca y me jaló hacia el balcón.
—¿Qué le escribiste a Ava? —me preguntó sin rodeos.
—Yo… no sé… —murmuré. Lucas fue el que le mandó el mensaje. Yo me quedé con él en la barra hasta que le devolví el teléfono...
¡Espera un segundo, ¿él ya sabía?!
Al escuchar mi respuesta dejo de insistir.
—Debajo de la mesa o cruzando el balcón, escoge —dijo con tono firme, girándome hacia la dirección de mi cuarto— Debajo de la mesa es más seguro, pero salir puede ser difícil...
—El balcón —decidí rápido. La distancia entre los dos balcones era menos de un metro. Seguro Jack Fuller pensó en su niña cuando construyó ese cuarto.
Miré hacia abajo y sentí como se me aceleraba el corazón y empezaban a flaquearme las piernas.
—El balcón está bien —dijo Sebastián detrás de mí, agarrándome de la cintura, como en un abrazo— No voy a dejar que te pase nada.
Quise hacerme pequeña bajo sus manos. No quería sentir que lo tenía, pero estaba aceptando su ayuda, y lo que más odiaba era saber que podía confiar en lo que decía.
—Espera, tienen cámaras en el balcón.
—Ahora no—dijo Sebastián. Sus palabras eran pocas, pero lo decía tan seguro que no pude evitar creerle— Se fueron después de que ese tipo subió. Si no, yo no hubiera podido venir sin que me vieran. Si no quieres hacerlo, puedo sacarte por aquí y decirle a Ava.
—¡No! —grité, y empecé a trepar por el balcón.
Sebastián me tomó la muñeca con una mano y con la otra me sostuvo de la cintura mientras cruzaba, hasta que quedé frente a él, al otro lado del barandal.
—No mires abajo —dijo Sebastián, apretando mi cintura con fuerza antes de que silbara.
—Te escuche desde lejos —dijo la voz de Lucas detrás de mí, con un tono tranquilo— No está bien mandar a una dama a una misión tan peligrosa.
Jack sabía lo que estaba planeando cuando pedí quedarme con el cuarto de Ava, y puso esta trampa solo para que yo cayera. Y caí, dejando a Sebastián atrapado en su oficina.
Yo solo quería terminar la relación con Sebastián. No me gustaba que él siguiera acercándose y que fuera tan difícil alejarme de él.
Sebastián entró y cerró la puerta de vidrio. Lucas y yo salimos del balcón también, justo cuando él miró su teléfono
—¿Dónde está tu celular? — me dijo preocupado.
¡Ay mierda mi teléfono!
Me llevé la mano a la boca, ahogando un grito. ¡Se me cayó cuando me asusté por Sebastián! ¡Se me había quedado en el piso de la oficina!
—Ajá —Lucas carraspeó hacia su teléfono —la llamada aún no se había colgado— tratando de llamar la atención de Sebastián. Tomé su celular, luchando contra las ganas de decir su nombre.
—¿¡Sebastián?! —la voz de Ava salió del auricular de Lucas— ¿¡Tú qué haces aquí?! ¿Dónde está Scar?
—¿Por qué estaría aquí? —dijo Sebastián tranquilo— Encontré la llave en el piso y me dio curiosidad. Perdón, pero el estudio de tu papá tiene una cerradura muy interesante.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ella Aceptó el Divorcio, Él entró en Pánico