~Scarlett~
—Bueno, sí. Ella es de las que salen a fiestas —dije, dudando porque no creía que esa respuesta nos ayudara a encontrarla— Damon sabe eso. No tiene por qué esconderse de él si solo es que...
En esa calle y en otras calles cercanas había varios bares, así que no sería tan fácil encontrarla.
—Sí, tiene mucho sentido —Lucas asintió, frenando el carro, aunque aún estábamos lejos de la biblioteca— Diría que está en algún bar. Pero Damian Vanderbilt la ve como su "mascota", eso significa que son cercanos, y no le agradaría la idea de que ella estuviera en un bar de esos. Por suerte estás conmigo y no con Adrián...
Bajó del carro y yo lo seguí. Nadie puede interrumpir una historia y simplemente irse. Seguro esta era su forma de vengarse de mis quejas sobre su forma de manejar... Cerró el carro con llave y se acercó a una puerta de madera que parecía tan común que ni me había dado cuenta de que estaba ahí.
—¿Qué hay aquí?
—Detrás de esta puerta está uno de los clubes clandestinos de peleas en jaula más grandes de la ciudad.
¿Peleas... en jaula?
—¿Quieres decir peleas clandestinas? —murmuré sin entender— Bueno, claro que Lilith puede pelear contra tipos como Gabriel, pero... ¿pelea en jaula?
—Es un lugar donde se mueve mucho dinero rápido —Lucas tocó la puerta y me miró— ¿Sabes si tu amiga necesita dinero?
No, no de veras. Había pasado mucho tiempo desde que habíamos hablado por última vez.
Alguien abrió la ventanilla pequeña en la puerta y aparecieron unos ojos con una mirada profunda
—¿Código?
—No tenemos —Lucas se inclinó con una sonrisa amable— ¿Estuviste en el ejército, hermano?
Los ojos en la ranura, analizaron a Lucas detalladamente:
—¿Tú también?
—En Afganistán.
La multitud estaba al borde de la locura, gritando hacia el ring. El aire se sentía pesado, mezclado con olor a sudor y un leve olor a oxido, como a sangre. Me molestó y traté pasar entre la gente sin taparme la nariz. Lucas se acercó, y puso su mano en mi hombro, para seguirme y que no nos perdiésemos.
—¿Conoces a alguien ahí? —Lucas se acercó a mi oído casi gritando para que pudiera escucharlo. Seguí su mirada hacia el escenario. Aun estábamos lejos, pero era alto sobre la multitud y bajo todos los focos, podía distinguir la mirada dura de dos mujeres en las esquinas.
La más cercana era nada más y nada menos que Lilith.
Mi Lilith.
Sentí un vacío en el pecho. No sabía si era por el aire pesado o porque Oliver Scott la había llamado "la mascota de Damian".
Me giré y le grité en el oído a Lucas.
—¿Las ves? —No todavía, pero por su pinta, deben estar en las zonas VIP, si es que hay —Lucas miró alrededor— Dime que estás contenta de que esté yo en vez de Adrián y te encontraré a tu objetivo, señora.
Solté una carcajada por su obsesión, y de pronto eso disminuyó mi preocupación por Lilith y el estrés por este "nuevo mundo". En serio, Lucas es bueno en lo que hace.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ella Aceptó el Divorcio, Él entró en Pánico