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Ella Aceptó el Divorcio, Él entró en Pánico romance Capítulo 186

~Scarlett~

—Perdón... —Sebastián agarró el marco de la puerta con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos— Yo... yo...

Tartamudeó por un largo rato, pero no le salieron las palabras.

¿Qué podría decirle? iba a ir a verla en plena madrugada, solo unas pocas horas después de que le había dicho que no. Porque Ava se había cortado en la muñeca.

—Yo... no haré nada inapropiado con ella. Solo... —en sus ojos, pude ver su lucha interna. Él explicó, quizá para mí o para sí mismo— Puedes venir si quieres...

Alcé las cejas y él de inmediato se retractó:

—¡Perdón! No quise decir eso, ¡no te estoy pidiendo que vengas a ayudarla! ¡Te lo juro!

Suspiré. Hace unas horas creí que podríamos empezar de nuevo. Creí que, si Sebastián se ponía de mi parte contra Ava, quizá tendríamos una oportunidad como familia. Me equivoqué. Mientras Ava exista en su corazón, ella se estará metiendo en nuestra familia por más que yo no quiera.

—Quiero creerte, pero ¿qué harías si realmente se muere desangrada? —lo miré, decepcionada. Era el sonido de la esperanza muriendo.

No hubo respuesta. Solo apretó el marco de la puerta con más fuerza.

—Esta vez no la ayudaré, pase lo que pase —dije con una indiferencia hacia ella —No dejaré que lastime a mi bebé.

Sí, era mi bebé. No nuestro. Aunque él quisiera estar en su vida, debía aceptar que solo iba a contar con él cuando yo quisiera.

Cuando tienes 8 semanas de embarazo, tienes que tomarte todo muy en serio. No podía arriesgarme, y menos donando un montón sangre.

—¡Claro! —asintió, apresurado— ¡También es mi bebé! Igual buscaría otra forma de ayudarla, ¡aunque no estuvieras embarazada!

Tal vez yo tuve la culpa. Ava ha estado intentando que Sebastián esté con ella de mil maneras, y yo me he negado a soltarlo. Ella inició esta pelea, pero si lo hubiera soltado antes, quizá nada de esto habría pasado.

—Voy a decirle que el suicidio no soluciona nada. Esta vez dejaré todo claro y... —dio un paso hacia mí como para abrazarme, pero antes de confirmar el brillo de lágrimas en sus ojos, giró y salió— ¡Vuelvo lo más pronto que pueda!

—¡Sebastián! —grité, agarrando su camisa. Se detuvo, pero sin voltear.

—¿Igual irías así ella no fuera la chica que salvaste hace diez años?

El silencio fue su respuesta. ¿Para qué pregunté?!!!

—Adiós —solté su camisa— Una vida es una vida. Haces lo correcto, y si ella muere, no será tu culpa.

Era el único consuelo que podía darle. Porque no podía prometerle que seguiría aquí cuando volviera, sin importar que tan rápido volviera a casa.

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