~Scarlett~
¡Bueno, a no ser que "pronto" fueran cinco minutos!
Apenas me había sentado en la cama cuando regresó. Ni siquiera escuché el motor de su carro acercarse. No oí nada hasta que abrió la puerta. O sea, no noté si había salido porque estaba bastante alterada. Quizás ni siquiera se fue.
—¡Sigo enojada, aunque solo te fuiste cinco minutos! —grité, contando los segundos tras escuchar la puerta de abajo cerrarse.
No pude contener las lágrimas.
No creí que volvería. O sea, estaba en juego la vida de Ava. Pero me sorprendió que no me pidiera ir a ayudarla.
No sabía si volvería si no estuviera embarazada, pero incluso si lo hizo sobre todo por el bebé...
Quizá sí teníamos oportunidad de salvar nuestro matrimonio.
No sabía que le importaba tanto el bebé. Tras colgar con Ava, ese idiota me bombardeó con mil preguntas sobre nuestro hijo. No sabía que alguien podía ser tan curioso con cosas tan simples. Todo el tiempo mantuvo la mano en mi barriga, esperando sentir una patada.
¡El bebé necesitaba dormir! ¡O bueno, yo lo necesitaba!
Quitando todo lo demás, su interés en el bebé sí me tranquilizaba. Veía su esfuerzo, y yo...
¿Por qué se demora tanto?
Cuando sospeché que algo andaba mal, ya habían pasado minutos desde que oí que trancó la puerta. Definitivamente se abrió y luego se cerró. Pero él no subió a la habitación.
Esa podía ser la mejor parte... porque si era un ladrón...
Al instante, mi cuerpo se puso rígido de miedo. Ni siquiera me atrevía a voltear hacia la puerta del cuarto, sin saber qué monstruo vería. ¡Si giro y veo a alguien más mirándome, me volvería loca!
Pero no podía. ¡No podía darme el lujo de ser débil! Me acordé de mi bebé y la angustia venció al miedo. ¡Tenía que hacer algo!
Salté de la cama y cerré de golpe la puerta del dormitorio, girando la llave dos veces. Corrí hacia la ventana y también la aseguré.
A salvo... por ahora.
Lo único bueno era que estaba en la oscuridad. Quizá no sabían que había alguien en casa.
Me escondí tras la cortina... y recordé que dejé mi teléfono abajo... lo hice a propósito... Estaba tan brava con él que no quería contestarle el celular.
Gateé hacia el clóset, era el mejor escondite. La puerta se abrió sin hacer ruido. Con solo mirar supe que encontrar un arma sería difícil. Conocía cada cosa en esta casa y...
Una caja extraña llamó mi atención. Eso no estaba antes. No debería estar aquí. Era mi caja de cuando estudiaba Bellas Artes. Se me olvido empacarla porque estaba en un rincón oscuro del sótano. ¿Por qué estaba aquí?
¿La puso Sebastián?
¿Por qué?
La caja estaba limpia, sin polvo. Alguien la sacó del sótano, la limpió y la puso aquí, en el dormitorio, donde nada de esto servía. Abrí la caja y vi mis herramientas, pinturas y esculturas pequeñas, todo ordenado. En una esquina estaba mi estuche de lápices.
¡Ahí debía estar una navaja! ¡Por favor, que esté!
¡Si!!! ahí estaba.
Agarré la navaja. Sentí el coraje inmenso que me daba su filo pequeño y poco afilado. ¡La vida del bebé y la mía dependían de eso!
El que la haya puesto ahí... nos salvó.

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