~Sebastián~
No podía sacarme de la cabeza aquella mirada triste de Scar.
Cuanto más intentaba entenderla y sentirla, más me daba cuenta de lo imposible que era enmendar las cosas. Creí que defendía mi límite como esposo cuando estaba con Ava, pero no vi que cada minuto que estuve ausente fue carcomiendo el cariño, la confianza y la felicidad de mi esposa.
Ella me amaba cuando nos casamos, pero esa chispa en sus ojos se apagó. Luego desapareció la luz de felicidad cuando me veía, hasta que la confianza en su mirada fue reemplazada por decepción.
La misma decepción que vi hoy cuando la dejé en nuestra habitación.
Y apenas estaba empezando a sonreírme otra vez.
Ni siquiera me atrevía a imaginar el valor que le tomó contarme lo de nuestro bebé. En ese momento no vi la felicidad de tener el fruto de nuestro matrimonio creciendo dentro de ella. No vi la emoción de una mujer viviendo su primer embarazo. Solo vi miedo en sus ojos. cuando me dio la noticia de nuestro bebé por primera vez.
No me atreví a hablar. Ni siquiera a reaccionar. Tenía miedo de que lo que sea que le dijera la fuera a lastimar, si la miraba de una u otra manera, eso hiciera que se cerrara otra vez.
Scar lo notó, y escondió el dolor en su mirada. Empezó a contarme que todos los chequeos médicos habían salido bien.
Pero nada estaba bien.
Así de que cuando acepté divorciarme de ella para ir a atender a Ava, acababa de descubrir lo del bebé.
Cuando Ava la llevó con ese asesino al edificio abandonado, Scar me vio elegir a Ava por sobre ella y de nuestro bebé en su vientre.
Ella no creyó que me alegraría ser padre, no quiso que fuera parte de la vida de nuestro hijo, pensó que no me importaría la vida del bebé, porque aunque iba a morir, ni siquiera usó la noticia del embarazo para intentar cambiar mi decisión entre ella y Ava.
Mi peor error hoy fue mantener a Scar despierta con mis preguntas sobre el bebé. Estaba tan emocionado que no podía dormir, y vi que ella también hacía esfuerzos por mantener ese espacio donde podíamos hablar.
Si la hubiera dejado dormir, quizás no habríamos atendido esa llamada. Y no habría tenido que tomar esta decisión que la lastimó otra vez.
—¡Sebastián! ¡Gracias a dios que llegaste! —el grito de Anna Fuller retumbó en el pasillo justo al doblar hacia la habitación de Ava— ¡Por favor! ¡La vida de Ava depende completamente de ti!
Mis pasos se detuvieron. Qué estúpido y arrogante fui al creer que podía cargar con la vida de otra persona. Todos debemos responsabilizarnos de nuestra propia vida. Yo tengo que hacerlo, y Ava también.
Jack Fuller me miro mal. Me culpó por el intento de suicidio de Ava. Yo también me culpo. Le permití creer que podría chantajearme con su vida.
¡Pero todo esto se tendrá que terminar hoy!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ella Aceptó el Divorcio, Él entró en Pánico