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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 120

ANDY DAVIS

Habíamos pasado tiempo suficiente estando lejos como para que la necesidad de sentirnos se volviera aguda e insistente, y ese beso que había empezado como la confirmación de mi amor por él, se había transformado en algo más. La desesperación de marcarme como suya había escalado hasta el punto de rasgar mis ropas con una facilidad que me sorprendió.

Sus manos recorrían mi cuerpo con una lujuria que nunca me había mostrado antes. Sujetó con fuerza mis muñecas en el momento justo que se hundió en mí, dominándome con su cuerpo mientras me poseía. Sus celos e inseguridades se habían convertido en fuerza y deseo, en una posesividad que parecía enfermiza, en una dominancia que me daba miedo y al mismo tiempo me gustaba.

Damián marcó el ritmo de nuestro encuentro y yo no pude hacer otra cosa que obedecer, en contra de mi temperamento, me dejé someter por ese rubio de ojos oscuros, sucumbiendo entre temblores y gimoteos, víctima de esa sensación mortal que amenazaba con detener mi corazón.

Qué mejor manera de abandonar este mundo que en un orgasmo.

Exhausta y temblorosa, tuve que recuperar el aire mientras Damián se dejaba caer a mi lado. Su respiración era agitada y su cabello se adhería a su frente por el sudor. Cerró por un momento los ojos antes de que yo me acurrucara sobre su pecho y escuchara su corazón aún desbocado.

Dejé pequeños besos sobre su piel antes de verlo a los ojos. Acaricié sus mejillas y le sonreí con toda la ternura que siempre albergaba para él. De nuevo ahí estaba, ese atisbo de tristeza que parecía alejarlo de mí.

—Dilo de nuevo… —susurró mientras sus dedos recorrían mi rostro—. Di que siempre serás mía. Que nunca te voy a perder.

—Damián… No deberías de tener miedo por eso —contesté apoyando mi mejilla en la palma de su mano, disfrutando de su calor—. Un día me dijiste que creerías en todo lo que te dijera, que no dudarías de mi palabra. Hazlo ahora… no dudes de mi amor por ti.

—Nunca he tenido miedo a nada… hasta que te conocí. —Me hizo girar sobre la cama, esta vez él estaba arriba de mí, acariciando mis cabellos, viéndome con necesidad—. No sabes el miedo que tengo de perderte.

—Nunca me perderás —susurré estirándome para alcanzar sus labios—. Estoy atada a tus huesos.

Aunque el miedo parecía seguir palpitando en su pecho, aceptó mi confesión y mi beso con los brazos abiertos. Una vez más nos entregamos, pero esta vez con más ternura que lujuria, con más dedicación y cariño.

No podía apartar de mi mente el hecho de que no nos estábamos cuidando, pero… ¿en verdad era preocupante resultar embarazada? Como él una vez dijo, había sido lamentable que no hubiéramos concebido a los mellizos de una manera más… «natural», entregarme a Damián en la cama era una descarga de placer y adrenalina que quería repetir una y otra vez.

***

ALEXEI MAKAROV

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