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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 129

CAMILLE ASHFORD

Impulsada por el miedo, levanté mi mano, de manera casi automática estaba dispuesta a abofetearlo cuando él me tomó por la muñeca y me detuvo. Su mirada estaba cargada de paciencia y decepción.

—Yo no le hice daño —contestó por fin soltándome—. Fue tu propio hermano.

Me quedé aún con la mano arriba y los ojos bien abiertos. Mi estómago se hizo pequeño y una presión en el pecho comenzó a atormentarme. Retrocedí confundida y negando con la cabeza, eso no podía ser posible.

—No, Damián es incapaz de lastimarla… ¡La adora! —exclamé indignada—. ¡Él no es como tú!

Una vez más noté en el fondo de sus pupilas como mis palabras lo herían, pero no me detuve.

—Lucien, no vuelvas a mentir de esa forma, no podrás hacer que vea a Damián como un monstruo. ¿Crees que él es capaz de lastimar a la mujer que ama como tú lo haces?

Inhaló profundamente, conteniendo la calma mientras mis ojos se llenaban de lágrimas. Ignorando mis acusaciones, sacó un abrigo del clóset y lo depositó con cuidado en la cama.

—Te daré diez minutos para que estés lista. Prepararé el carro para llevarte al hospital —contestó ignorando mis acusaciones, aunque sabía que le habían dolido—. Sé que… ellos te necesitan en este momento y no me perdonaría, ni me perdonarías, que no estuvieras ahí.

Dio media vuelta y de nuevo me dejó sola en la habitación, con los hombros caídos. En el fondo había esperado una respuesta explosiva de su parte, pero en realidad me había dejado atacarlo sin tomar represalias. Ahora me sentía mal, como si yo fuera la injusta.

Tomé mi abrigo y me vi por un momento al espejo, antes de salir de la habitación, intentando alcanzarlo.

El camino hacia el hospital lo hicimos en completo silencio. Sabía que él me estaba viendo por el reflejo de la ventana, pero yo no hice ningún esfuerzo por mostrar interés.

En cuanto llegamos, él me siguió de cerca, pero sin involucrarse mucho. Parecía más una clase de guardaespaldas que mi esposo. Por momentos quería tomarlo de la mano y avanzar juntos, pero de pronto deseaba correr y alejarme de él, esconderme para que jamás me encontrara.

Como bien había dicho Lucien, Andy estaba en observación por un golpe que había recibido. Había quedado inconsciente por un largo rato y apenas estaba despertando. Entré a la habitación para verla ahí, en la cama, con el pómulo inflamado y tonos verdes y morados pintando su párpado inferior.

Me quedé sin palabras. Estaba horrorizada de verla así.

—¿Andy? —pregunté casi sin aliento cuando ella me sonrió y extendió su mano hacia mí.

—Camille… —susurró con una amplia sonrisa—. Estás bien… Te ves bien…

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