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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 14

DAMIÁN ASHFORD

El humo del cigarro se disipaba lentamente en la habitación mientras observaba la copa de whisky entre mis dedos. La luz tenue del despacho apenas iluminaba los bordes del cristal, reflejando la oscuridad que sentía dentro. Andy se había ido. No solo se había escapado… sino que ya no había motivo alguno para traerla de vuelta.

Había perdido a los mellizos y tenía que ver una y otra vez el dictamen médico para poder creerlo.

Esa noticia me había golpeado con más fuerza de la que quería admitir. Nunca imaginé que un día me importaría algo más que mi propio control sobre las cosas, pero cuando escuché sus palabras, cuando con esa frialdad me dijo que los había perdido, algo dentro de mí se quebró. No tuve más opción que dejarla ir. Ya no tenía derecho a retenerla a mi lado, a obligarla a quedarse cuando todo lo que le quedaba de mí era un vacío.

Sin embargo, no podía dejar de pensar en ella. Era una tortura. Cada lugar al que iba, cada vez que me perdía en mis pensamientos, la veía. Confundía mujeres en la calle pensando que eran ella y cada sombra de la noche me susurraba su nombre. ¡Maldita sea! ¿Cómo una mujer podía haberse metido tan hondo, bajo mi piel?

—Damián, espero que estés prestando atención. —La voz de mi madre me sacó de mis pensamientos. Alcé la vista y la vi sentada frente a mí, con su porte impecable y su mirada calculadora. Siempre tenía esa expresión de superioridad, como si todo en el mundo estuviera bajo su control, excepto, por supuesto, yo.

—No tengo paciencia para tus discursos hoy, madre —murmuré dando un sorbo a mi whisky.

—No es un discurso, querido. Es tu futuro, nuestro legado. Ya es hora de que te tomes más en serio tener un heredero. La empresa no puede estar en manos de cualquier oportunista cuando tú faltes. —Su tono era inquebrantable, pero conocía bien sus estrategias; sabía cómo presionarme sin cruzar la línea.

Solté una risa sin humor, recargando la cabeza contra el respaldo del sillón.

—¿Es eso lo que te preocupa? ¿Que no haya un Ashford listo para tomar mi lugar cuando muera? Qué conveniente, madre. —¡No había nada como el amor maternal!

—No seas dramático, Damián. Solo quiero lo mejor para ti y para la empresa. No espero que te enamores, ni que te cases si no quieres, eso ya lo dejamos claro y lo respeto. Solo necesito que hagas lo correcto. —Sus ojos se afilaron midiendo mi reacción. Era una mujer fría y calculadora—. Por eso vas a retomar las entrevistas con candidatas adecuadas. Escogidas personalmente por mí. Mujeres que pueden darle continuidad a nuestra familia y que sean dignas de llevar en su vientre a un Ashford.

La miré con una mezcla de incredulidad y fastidio. Simplemente no podía hacerme a la idea de volver a pasar por eso.

—Suena como si estuvieras contratando a una secretaria —me mofé y levanté mi vaso de whisky brindando por la frialdad de sus decisiones. Ahora entendía de dónde había aprendido a ser así.

—¿Y qué otra opción tienes? No veo a ninguna mujer en tu vida dispuesta a darte un hijo —respondió con el mismo tono burlón y entornó los ojos—. ¿O sí?

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