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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 152

LUCIEN BLACKWELL

Sus amenazas cubiertas de piedad y falsa preocupación no pasaban desapercibidas para mí. Su padre y el mío habían sido grandes amigos. Habían forjado una alianza importante. Entre familias nos cubríamos las espaldas y la esperanza de volvernos una sola casando a Anna con Alexei o a Nadia conmigo no eran algo nuevo.

Mientras Nadia sostenía la rosa en su mano, la envolví suavemente con las mías.

—Suena encantador… pero lamento decirte que, si a alguien le daré una boda así, será a Camille. No es un capricho, porque sé que ella me ama y que se quedará conmigo, y eso en vez de hacer que me aburra, por el contrario, hace que me obsesione más con cuidar mi lugar a su lado —respondí mientras veía la rosa, ahora sucia por haber sido tocada por Nadia—. Estoy pasando por un momento muy difícil, Nadia, como para que vengas a joderme en mi santuario donde no deberías de haber entrado.

»Sé que hay alguien que está jugando a mis espaldas. Ya tengo una lista de nombres que comenzaré a tachar. Por la amistad que alguna vez tuvimos, te diré que tu nombre y el de tu hermano están ahí —dije tranquilamente mientras mis manos apretaban con más fuerza la suya, haciendo que las espinas de la rosa se clavaran en su palma, haciéndola sangrar—. No tengo nada contra ti, pero si confirmo que estás detrás de mi desgracia, espero que Dios se apiade de tu alma.

—Lucien… —susurró ocultando su dolor, mientras su otra mano peleaba por liberarse de la rosa—. Yo no soy culpable de nada. ¡¿Se te olvida cuál era el plan en el que yo decidí apoyarte?! Si torturé a Camille y la humillé fue porque eso era lo que habíamos acordado, no tener piedad con la mujer culpable de la muerte de tu hermana.

»No puedes castigarme por no saber la verdad. Yo no tengo ningún problema con ella. Me duele que tenga tu corazón, porque siempre creí que sería mío algún día, pero eso no significa que no quiera tu felicidad.

Por fin solté su mano, dejando que la rosa cayera al suelo, antes de ser aplastada por mi zapato.

—Cuida muy bien tus pasos Nadia… —solté entornando los ojos.

—No puedes hacerme nada si no tienes pruebas. Mi padre te destrozaría, sabes que puede —contestó temerosa, retrocediendo. Por mucho amor que dijera sentir por mí, también me temía, porque sabía de lo que era capaz y no estaba muy segura de que un día ella no se convirtiera en mi víctima. Esa era la gran diferencia entre Camille y ella. Mi hermosa Leona confiaba ciegamente en mí, aunque eso fuera claramente peligroso para ella.

—¿Quién te dijo que no he comenzado a recolectar pruebas? —pregunté divertido—. Solo no le causes a tu padre uno de los dolores más profundos que pueden existir: perder a un hijo, o a dos.

—Te estás volviendo loco, Lucien —respondió retrocediendo, mientras sostenía su mano contra su pecho y sus ojos parecían querer ocultar su miedo—. Ni yo ni Alexei haríamos algo contra ti. Nunca… pero tú si estás levantando la mano contra nosotros.

»Deja de hacer acusaciones sin pruebas, deja de lastimarme sin motivo. Porque sabes que mi padre empezará a destruir aquello que más amas. —De esa manera dio media vuelta, saliendo del invernadero dando un portazo, furibunda e indignada, pero también asustada.

—¿Señor Lucien? ¿Qué hacemos con esto? —preguntó el ama de llaves señalando el arcón con regalos.

—Tíralo… —respondí sin darle muchas vueltas—. Todo regalo que venga de parte de la familia Makarov, lo quiero en la basura o el incinerador.

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