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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 36

BASTIÁN LEBLANC

Entré al elegante café con un nudo en el estómago. Era el mismo lugar donde me había encontrado con Andy la primera vez después de años, pero ahora estaba aquí por una razón completamente distinta. En el balcón, esperándome con una sonrisa radiante, estaba ella: mi novia, Rachel, tan joven, tan inocente... tan ajena a la tormenta que se agitaba dentro de mí.

En cuanto volteó hacia mí sus ojos se iluminaron. Traté de mantener una sonrisa cordial mientras me acercaba, acomodando mi corbata, manteniendo la compostura. Antes de que pudiera decir algo, se lanzó a mis brazos y me besó con una pasión que yo no pude devolverle del todo.

Rachel tenía una energía explosiva, pero… mi piel parecía entumecida y no podía compartir esa misma euforia, aun así sonreí y la rodeé con mis brazos, manteniendo la farsa.

—Te extrañé tanto, Bastián —me dijo con dulzura y sus ojos brillando de emoción. La intensidad en su voz me hacía sentir culpable, por no poder corresponderle de la misma manera.

—Me alegra verte… —fue lo mejor que pude decir antes de llevarla de la mano hasta nuestra mesa.

—¿Podemos escoger esa? ¡Es tu favorita! —exclamó señalando la mesa donde Andy y yo solíamos almorzar.

—No, en esa no —contesté. Esa mesa era mi favorita gracias a Andy y llevar a Rachel hacia ella era como traicionar y corromper ese recuerdo.

Nos sentamos en una de las mesas más alejadas, pese al puchero que Rachel me hizo. Como siempre, dejó su berrinche a un lado, pues sabía que no le haría caso, y empezó a hablar sobre su inminente graduación:

—Estoy tan emocionada. Ya falta tan poco. Y después de eso, podremos vivir juntos como lo hemos planeado —soltó con emoción—. El departamento está quedando hermoso. En esta visita pude comprar unas sillas muy lindas que acomodé en el balcón. Me hubiera encantado que las vieras.

Su entusiasmo era contagioso, pero dentro de mí solo sentía una creciente presión en el pecho. Sonreí con la educación que me caracterizaba, aunque mi mente estaba en otro lugar.

—Sí, claro. Ya falta poco —respondí con un tono neutro. Ella no notó mi falta de entusiasmo o, si lo hizo, decidió ignorarlo, como siempre durante estos 7 años de perfecta y duradera relación a distancia.

—Mi padre está más que dispuesto a organizarnos una boda enorme y lujosa —añadió con ilusión—. En cuanto me gradué empezaré a buscar un vestido lindo con mis amigas. ¡No sabes cuanto me emociona ser la señora LeBlanc!

—¿Esa es tu mejor aspiración? —pregunté con melancolía mientras negaba con la cabeza.

—¿Qué mejor logro que ser tu esposa? —respondió confundida, pero manteniendo la sonrisa mientras posaba su mano sobre la mía.

—¿Qué hay de trabajar en lo que estudiaste? ¿Qué hay de buscar una maestría? ¿No te da más emoción ser llamada maestra o doctora en leyes, que simplemente señora LeBlanc? —pregunté comenzando a desesperarme.

—¿Qué hay de malo? Yo te amo y tú a mí… —soltó como si eso tuviera más lógica. Sus ojos brillaban con la idea de una vida juntos, pero yo no podía compartir su felicidad. No podía dejar de compararla con Andy.

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