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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 38

BASTIÁN LEBLANC

Me quedé en silencio, sintiéndome atrapado en una telaraña de la que no podía escapar. Mi mente gritaba que esto era una locura, que había otras maneras, pero mi corazón… Mi corazón solo pensaba en Andy. ¿Estaba dispuesto a hacer lo que fuera por estar con ella? ¿Incluso embarazar a otra mujer? ¡No! Quería que mi primer hijo fuera de Andy, que ella lo gestara en su vientre, quería verlo crecer, quería que fuera una combinación perfecta entre ella y yo.

—Lo pensaré —respondí al fin, sintiendo mi propia voz distante. No quería hacerlo, tenía planes antes de esto, pero… también era una solución más rápida.

Mindy chasqueó la lengua y negó con la cabeza con actitud decepcionada.

—No, no tienes tiempo para pensar. Tiene que ser ahora. Damián cree que estoy embarazada, no falta mucho para que pueda ver a través de la farsa. —Se cruzó de brazos y entornó los ojos—. Tienes que dejarme embarazada en estas semanas.

—Estás loca, esto no funcionará… —Peiné mi cabello hacia atrás, considerando simplemente salir del café y dejar que explotara lo que tuviera que explotar.

—¿No te crees capaz de embarazarme en tiempo récord? —preguntó divertida, queriendo retar a mi masculinidad—. Además, sabes tan bien como yo que tu suegro no es un hombre con el que se pueda jugar. ¿Qué crees que hará si le digo que su yerno perfecto está traicionando a su florecita con una madre soltera?

»Creo que incluso Andy saldría muy mal parada con eso. ¿Pensaste en las consecuencias antes de jugar con fuego, Bastián?

Me pasé una mano por el cabello, frustrado, atrapado entre el miedo y el deseo de una oportunidad con Andy.

El fin justifica los medios, ¿no? Respiré hondo y, con una resolución que no me pertenecía, me puse de pie y le extendí la mano.

—Vamos. —Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera arrepentirme—. A mal paso, darle prisa.

Mindy sonrió triunfal, tomó mi mano con la delicadeza de alguien que ya había ganado la partida y me guio hacia la salida.

Salimos del café apenas tomados de las manos por la punta de nuestros dedos. El silencio se encajaba en mi pecho como cristales rotos y, aun así, mi cuerpo actuó en automático. Abrí la puerta de mi auto para ella y nos conduje hacia uno de los hoteles más discretos de la zona.

Me sentí asqueado al pagar por la habitación, con cada paso que daba era como si una parte de mi alma se estuviera evaporando como alcohol al sol. Metí la llave a la puerta y ese aroma de jabón barato y lujuria me pegó en la cara.

Mindy entró echando un vistazo, como una reina juzgando la pocilga a la que la había llevado. Con un suspiro apesadumbrado, dejó caer la estola de fina seda que cubría sus hombros y volteó hacia mí, viéndome de pies a cabeza con una sonrisa de suficiencia.

—Eres lindo, solo espero que tu desempeño sea bueno —dijo divertida.

Cerré la puerta detrás de mí mientras torcía los ojos. No sabía cómo podría estar con ella sin vomitar, y cuando me quité el saco mi teléfono comenzó a sonar incesante. Era Andy quien me llamaba y me sentí descubierto. Mi corazón se aceleró y sin avisar simplemente salí al balcón para tomar la llamada.

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