DAMIÁN ASHFORD
Una y otra vez llamé al teléfono de Andy, le mandé mensajes pidiéndole que nos reuniéramos para hablar, pero todo parecía inútil, ella simplemente se rehusaba a contestarme de cualquier manera. Aún me sentía intrigado por ese par de mensajes eliminados, pero no había manera de que Mindy pudiera darme explicaciones, y al estar embarazada, no podía ser tan brusco con ella como deseaba, por mucho que la odiara, mi hijo crecía en su vientre y no podía provocar que lo perdiera.
—Damián… ¿por qué parece que aún no estás listo? —preguntó mi madre viendo el caos dentro de mi habitación al entrar—. Tenemos que regresar a casa, el vuelo está programado para dentro de una hora y ya deberíamos de ir directo al aeropuerto.
—Ni siquiera me hables… —siseé mientras me levantaba de mi asiento y me ponía el abrigo.
—Estás bebiendo más que de costumbre y tu comportamiento errático me está empezando a asustar —insistió bloqueándome el paso—. Damián, sé que esa mujer te está trastornando y en cuanto más rápido salgamos de este mugroso país, todo será más fácil.
No pude evitar verla a los ojos y sonreír de medio lado.
—¿Crees que en verdad voy a regresar a Estados Unidos y casarme con Mindy? ¿Crees que el hecho de que esté embarazada y metiéndola en mi cama será suficiente para convencerme? —Me incliné hacia ella para verla mejor a los ojos, pero no había manera de que su gesto se perturbara.
—¿Qué? ¿De qué me estás hablando, Damián?, estás encaprichado con Andy, y solo te diré que, si quieres tener a los mellizos, te ayudaré para que se los quitemos, pero jamás me pidas mi bendición para casarte con ella…
No pude evitar torcer los ojos y negar con la cabeza mientras pasaba por su lado, dispuesto a buscar a Andy en el único lugar donde sabía que estaría: El departamento de Bastián Le Blanc.
—Creo que si algo he aprendido de papá es que no hay que pedirte permiso para hacer lo que el corazón exige —dije con burla, sabiendo que entendería muy bien la indirecta, y así fue. Su mano se posó en mi brazo, evitando que saliera de la habitación.
—¿Qué dijiste? ¿A qué te refieres? —preguntó sorprendida y con el rostro pálido.
—Tú lo sabes muy bien —contesté quitándome su mano con delicadeza antes de abandonar la habitación. Podía escuchar su respiración agitada por el pasillo, pero no me importó.
Si había una mínima posibilidad de arreglar las cosas con mi panterita, lo haría. Tenía que hablar con ella una última vez antes de irme. No podía darme por vencido tan fácil.
Llegué al ostentoso edificio donde vivía Bastián y no me fue difícil averiguar en qué piso se alojaba. Sabía que la chica de recepción le informaría que ya iba en camino y no tenía problemas con eso, aunque se preparara para recibirme, no sería suficiente para detenerme.
Justo cuando me planté fuera de su puerta y planeaba tocar, esta se abrió, tomándome por sorpresa.
—¿Es en serio Ashford? ¿Cómo te atreves a venir aquí y…?
—¿Dónde está Andy? Tengo que hablar con ella —interrumpí a Bastián, y tenía intenciones de entrar, pero posó su mano sobre mi pecho y me empujó hacia el pasillo. Entonces puse más atención en él, tenía el torso desnudo y parecía que se había puesto los pantalones con prisa.
Empecé a hacerme ideas que no quería confirmar.

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