DAMIÁN ASHFORD
—¡Vaya que has escarbado profundo! —exclamó Camille con ironía y el rostro tenso. Su alegría fingida solo me dejaba en claro lo molesta que estaba por meterme en su vida.
—Si vas a ser mi hermana… No puedes seguir moviendo el culo para hombres asquerosos —solté tomándola del brazo para dirigirla hacia el elevador, pero ella se zafó de mi agarre y me empujó del pecho con ambas manos.
—Eso es lo que pasa cuando tu madre enferma y el trabajo «decente» te paga una m****a —siseó con los ojos inyectados de furia y dolor—. De donde obtengo el dinero no es tu asunto, y si me da la gana regresar a ese maldito congal, lo haré. La sangre no significa nada, porque tú no estuviste ahí cuando yo no tenía dinero para comida, medicamentos o para pagar la renta.
¿Qué podía responder a eso? Solo levanté las manos a modo de rendición antes de señalarle el elevador. En ese momento consideraba suficiente logro que aceptara vivir en el departamento que le estaba ofreciendo.
El viaje fue en silencio, pero la tensión era casi tangible. Camille observaba la ciudad desde la ventana del auto, sus pensamientos eran un enigma que no me molesté en descifrar. Cuando llegamos, le indiqué la entrada, pero en cuanto abrí la puerta, una figura familiar salió de la habitación principal.
Mindy, en bata de seda, con una copa de champán en la mano y esa expresión de falsa sorpresa que me daba náuseas. Sabía que mi madre la estaba hospedando en una de mis propiedades, fue una maldita suerte que justo escogiera esta para Camille.
—Damián… ¿Quién es ella y qué hace aquí? —preguntó con dulzura envenenada.
Antes de que pudiera responder, Camille se adelantó.
—Vaya, qué cálida bienvenida. No te preocupes, querida, estaré aquí por un tiempo. Alguien tiene que cuidar del bebé, ¿no? —dijo con una sonrisa socarrona.
Mindy la miró como si acabara de escupirle en la cara. Su mente retorcida interpretó lo obvio de la peor manera posible.
—¡Tienes una amante! —gritó histérica.
Rodé los ojos y la empujé suavemente hacia el pasillo.
—No bebas, Mindy. No es bueno para el bebé —sentencié bloqueando la entrada con mi cuerpo, entonces volteé hacia mi ayudante que no estaba muy seguro de lo que tenía que hacer—. Llévala con mi madre y dile que mantenga a su mascota fuera de mis propiedades.
—¡¿Mascota?! —exclamó Mindy con los ojos llenos de lágrimas—. ¡Nos vamos a casar! ¡Tendré a tu hijo! ¡No puedes tratarme así! ¡¿No ves mis esfuerzos por tener una relación sana y amorosa contigo?! ¡¿Qué tengo que hacer para que por fin me veas como tu compañera?!

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