ANDY DAVIS
Las felicitaciones me asfixiaban. Cada mensaje, cada llamada, cada sonrisa bienintencionada de quienes celebraban mi compromiso con Bastián pesaban sobre mis hombros como una losa, y dentro de todo ese caos sentimental podía ver como mis niños se volvían cada vez más retraídos y desconfiados. Toda la felicidad que un día los había invadido estaba desapareciendo poco a poco. ¿Bastián tenía razón en que conocer a Damián los había cambiado?
—Mami… —susurró León mientras arrastraba sus piecitos hacia mí. Cuando llegó a mi lado, pegó su frente a mi muslo y suspiro.
—¿Qué pasa, mi amor? —pregunté preocupada por su comportamiento cabizbajo, entonces se abrazó a mi pierna y alzó su rostro hacia mí, mostrándome uno de sus más tiernos pucheros.
—No te cases con Bastián. —Su petición me congeló. Sus ojos suplicaban con tanta intensidad que me dolía el corazón—. Por favor, mamita, no lo hagas.
Entonces volteé hacia Victoria, quien permanecía sentada en el borde de la cama, meciendo sus piecitos y con la mirada perdida en la alfombra.
—¿Por qué? ¿Qué ocurre? —pregunté confundida y tomé a León para sentarlo sobre mi regazo después de tomar mi lugar al lado de Victoria—. Antes… lo querían, lo llamaban papá. ¿Qué ocurrió?
—Es malo —soltó León acurrucándose en mi pecho.
—¿Malo?, pero…
—Nosotros no le hicimos nada a tu celular —susurró Victoria con melancolía.
—Tampoco escondimos tu ropa —agregó León aferrándose con ambas manos a mi blusa.
—Nunca he dicho que sean culpables de eso —contesté acariciando los rubios cabellos de Victoria. Era curioso como podían parecerse tanto a Damián.
—Tú no… pero él sí. —León se cruzó de brazos, infló las mejillas y frunció el ceño.
—Mami… él dice cosas feas, él no nos quiere de verdad. —Suspiró Victoria con ese aire maduro que siempre la caracterizaba.
—Niños… —No sabía qué decir, pero aún me costaba creer que Bastián era capaz de algo así. Él… me había protegido durante mi embarazo, cuidó de mis mellizos cuando lo necesité, fue un padre para ellos y me ayudó a salir adelante. Creamos un bufete donde me trata como a su igual. ¿Cómo podía darle la espalda de pronto?
—Queremos ir con papá —intervino León haciendo que mi estómago se volviera un nudo.
—¡Sí! ¡Vamos con papá! ¡Por favor! —exclamó Victoria con la mirada cargada de ilusión, aferrándose a mi brazo.
—Por favor, mami —insistió León hincándose sobre mi regazo y tomando mi rostro entre sus manos—. ¡Con él si te puedes casar! ¡Te damos permiso!
—León, Victoria… No es tan sencillo —respondí quitándome a mi pequeño de encima y sentándolo junto a su hermana—. Su padre…
—¡Miente! Bastián, miente —exclamó Victoria con desesperación—. Papá dijo que no nos abandonaría, y por culpa de Bastián lo hizo.
—Victoria, tu papá tiene una familia, tiene una prometida que pronto será su esposa y tiene un hijo en camino. No podemos obligarlo a…

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