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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 64

ANDY DAVIS

Los mellizos llegaron al fondo de sus copas de helado, esa era la advertencia de que el momento con Damián había terminado, mientras yo seguía dándole vueltas a lo que me había dicho, fingiendo ante los mellizos que la verdad sobre Bastián no me había afectado tanto como en realidad era.

—¡Gané! —exclamó León alzando su cuchara, mientras Victoria se empinaba la copa para alcanzar a su hermano.

—No es justo, tú tienes la panza más grande —refunfuñó Victoria escurriéndose en el asiento, con unos lindos bigotes de helado de vainilla.

—Creo que ya fue suficiente azúcar por el día de hoy —contesté con una sonrisa que buscaba demostrar alegría. Evitaba a toda costa encontrarme con la mirada de Damián, porque había llegado el momento de decir adiós—. Denle las gracias a papito por el helado.

—¡Gracias, papito! —exclamaron mis niños al unísono y se levantaron de su asiento para rodear la mesa y llegar hasta él. Querían abrazarlo y Damián terminó con un par de besos de chocolate y vainilla en las mejillas.

Verlos juntos y felices removió algo dentro de mí. En el fondo esa era la familia que tanto había ansiado. Así se veía en mi imaginación. Cuando la mirada de Damián se posó en mí, tuve que desviar mi atención y levantarme de la mesa fingiendo que no estaba dejando pedazos de mi corazón como propina.

—Ya es hora de regresar a casa. Despídanse de papá —dije luchando para que en mi voz no se notara la incertidumbre.

—Pero… mamita… No queremos separarnos de papá —susurró Victoria dedicándome esa mirada de cachorra bajo la lluvia.

—Mamita, por favor, solo quedémonos con él un ratito más, así, chiquitito —segundó León haciéndome sentir peor.

—Niños, tenemos cosas qué hacer y hay que prepararse para mañana la escuela —dije fingiendo que buscaba algo dentro del interior de mi bolsa y dando media vuelta, lista para salir de ese lugar cuando Damián me detuvo con una mano firme en la cintura.

Su toque era cálido, seguro, como si supiera que iba a resistirme y quisiera dejar claro que esta vez no me iba a dejar escapar.

—Ven conmigo —susurró con esa voz grave y decidida.

Volteé a verlo con los ojos bien abiertos, buscando las palabras exactas para comenzar a negarme, pero sus ojos negros me habían atrapado y me consumían. Deseaba decir que si, quería hacerlo, pero… mi boca solo se entreabrió y ningún sonido salió de ella, solo mi respiración entrecortada.

—Hay… un «chalet» que estoy comprando… en Versalles —dijo como si quisiera ganar tiempo—. Aunque no soy afecto a Francia, quiero estar más cerca de mis hijos.

—¿Un «chalet» en Versalles? —pregunté sorprendida. Solté una risita que se debatía entre la sorpresa y lo cómico—. Esas propiedades son demasiado costosas y… Claro, nada que no puedas pagar.

Me sonrió de medio lado y agachó la mirada. Parecía apenado por demostrar su poder económico y al mismo tiempo estaba orgulloso.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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