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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 85

ANDY DAVIS

Tragué saliva algo intimidada, pero me mantuve firme.

—No vuelvas a llamarme… No vendré de nuevo a escuchar los desvaríos de un loco —respondí y cuando di media vuelta, dispuesta a abandonar el lugar, Bastián sacó las manos de entre los barrotes, como si quisiera alcanzarme, y de nuevo perdió los estribos.

—¡Espera! ¡Espera! —exclamó desesperado—. Solo déjame decir algo más…

—¿Las contraseñas de tu computadora? —pregunté con burla, sabiendo que no lo haría tan fácil.

—No, algo mejor… —susurró y sonrió al ver que de nuevo tenía mi atención—. Algo que podría salvar a tu hombre de la quiebra y el fracaso.

—¿Qué? ¿Cuál quiebra? Él no está en quiebra… —respondí indignada.

—Pero lo estará —contestó lleno de seguridad y satisfacción—. No me creas si no quieres, solo te diré algo, un solo nombre que sé que escucharás después, cuando salgas de esta prisión y regreses a tu vida soñada… entonces te acordarás de mí y reconsiderarás mis deseos.

—No voy a convencer a Rachel de venir a verte. Ya la jodiste demasiado con tu crueldad, ya déjala en paz…

—Medika Corp —me interrumpió cuando ya había dado media vuelta y estaba dispuesta a alejarme de ahí.

Fruncí el ceño sin entender qué era lo que esperaba. Ese nombre no tenía sentido para mí.

—Jamás lo había escuchado en mi vida —bufé dispuesta a regresar al «chalet» y dejar a ese loco y sus cuentos.

—No lo has hecho, pero lo harás, y cuando eso pase… ¡no se te ocurra regresar con las manos vacías! —gritó furioso a mis espaldas, dando un golpe en los barrotes que los hizo vibrar, mientras yo avanzaba por el largo pasillo, buscando la salida—. ¡Quiero a Rachel Monroy! ¡Necesito hablar con ella! ¡Debo de verla! ¡¿Entendiste, Andy?! ¡No diré nada ni ayudaré en nada si no la traes! ¡Con ella es con la única que hablaré!

Su voz se hacía cada vez más lejana, mientras el taconeo de mis zapatos causaba eco en largo pasillo y mi cuerpo temblaba, como si la mirada de Bastián me siguiera de manera inquisitiva y me descarnada con cada paso que me alejaba.

Cuando salí de ese oscuro y horrible pasillo, no tuve el valor de mirar hacia atrás. Era como si tuviera miedo de que en todo momento Bastián hubiera estado detrás de mí.

***

—Medika Corp —dijo el ayudante de Damián entregándole unos papeles, pasándolos por en medio de los asientos.

Mis manos se aferraron a la falda de mi vestido mientras intentaba asomarme para ver mejor los papeles entre las manos de Damián. Íbamos rumbo a la reunión de empresarios que se realizaría en uno de los tantos castillos viejos de la zona cercana a París. El auto se detuvo ante las escaleras gemelas de la imponente edificación: el castillo Pierrefonds.

—Ya hice que los de seguridad vean todas las grabaciones y cuestionen a cada trabajador del área de experimentación —continuó el ayudante, con su habitual nerviosismo, pero esta vez estaba acompañado de algo más, una seriedad desafiante.

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