—Ahorita estás en horario de trabajo.
La mirada de Federico estaba fría, con un toque borroso por el alcohol.
Gloria explicó con calma:
—La señorita Orozco no quiso que la acompañara. Y al rato me toca manejar para llevarlos a usted y a la señorita Orozco de regreso.
César no había visto tantas veces a Federico.
Las pocas anteriores no le había parecido tan difícil como decían.
No sabía por qué, pero hoy Federico traía una frialdad que daba ganas de hacerse a un lado.
Abrió la boca para saludar… y no le salió.
—¿Ah, sí? —dijo Federico, tragando saliva; se le marcó la nuez.
Caminó y se sentó en la silla de mimbre junto a donde estaba Gloria.
Se apoyó con los dedos en la frente, como si se sintiera mal.
—Ahorita le traigo un vaso de agua.
Gloria inclinó la cabeza y regresó al salón.
—Señor Córdoba —aprovechó César para saludar.
Federico actuó como si no lo oyera y siguió apretándose el entrecejo con los dedos, hasta dejarse marcas.
César se fue del balcón. Y como Gloria ya no estaba a la vista, no le quedó más que regresar con Vidal.
Unos minutos después, Gloria volvió con un vaso de agua tibia.
Federico estaba recargado en la silla, con las manos sobre el cuerpo; los dedos largos entrelazados.
Tenía los ojos cerrados. Su cara, imponente aun sin enojarse, dejaba ver cansancio.
Gloria dejó el agua en la mesita y volvió al salón a pedir una manta ligera para taparlo.
Cuando terminó, regresó y se quedó cuidando la entrada del balcón.
Varias personas quisieron acercarse a felicitar a Federico, pero Gloria las despachó.
Federico se quedó hasta la mitad del evento solo para darle a la familia Orozco más oportunidad de convivir con los peces gordos.
Irene, pegada a Darío Orozco, sonreía tanto que ya se le estaba entumiendo la cara.
Buscó a Federico por todos lados hasta que vio a Gloria cuidando la puerta del balcón.
—¿Qué haces aquí?
Gloria movió apenas los labios.
—El señor Córdoba está descansando.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA