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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 463

—Me suena que sí, una paciente —respondió Raúl sin mostrar nada—. ¿La conoce?

La señora Mendizábal asintió.

—¿Se acuerda si lo que espera es niño o niña?

Martina volteó de golpe hacia su madre.

—¿Mamá? ¿Qué significa eso?

—Tú cállate —la frenó la señora Mendizábal con una mirada. Luego volvió con Raúl.

Raúl se quedó en silencio unos segundos y negó despacio.

—Tengo demasiadas pacientes. Solo recuerdo que existe, pero no su caso en específico.

La señora Mendizábal bajó la voz.

—¿Cuándo le toca su siguiente revisión?

—Debe de ser pronto. En la recta final son más seguidas.

—Entonces, cuando venga, usted me lo confirma: si lo que trae es un niño.

Volvió a sacar el cheque y trató de metérselo en la bolsa.

—Avíseme en cuanto sepa.

—Señora Mendizábal —Raúl se puso serio—. Yo también tengo límites.

Sacó el cheque y se lo devolvió.

—Lo de hoy, hagamos de cuenta que no pasó. En lo demás, no puedo ayudarla.

—Ya es tarde —la señora Mendizábal no tomó el cheque—. Todo lo que dijo quedó grabado. Si ahora se echa para atrás, ya no hay marcha atrás. Su carrera… depende de lo que elija.

O se quedaba con el cheque y hacía lo que ella quería, aun sabiendo que estaba mal.

O se quedaba con la conciencia tranquila, pero con la reputación destruida y obligado a salir del medio.

Una persona lista sabe qué elegir.

La señora Mendizábal no temía que Raúl trabajara de mala gana. Tenerlo agarrado era lo que le daba paz.

Raúl se quedó inmóvil. Martina se bajó de la camilla, se acomodó la ropa y se quedó viendo el cheque en la mano de Raúl, con los ojos que casi echaban lumbre.

Al final, Raúl guardó el cheque.

—Espero su mensaje —dijo la señora Mendizábal, y le echó una mirada a Martina—. Vámonos.

Federico apretó los labios.

—Si los Mendizábal se mueven, me lo dices de inmediato.

Iba a colgar.

Raúl se le adelantó:

—Ni siquiera me respondiste: Federico, ¿vas a admitir o no que…?

—No confío en que Jaime lo haga bien. Gloria, al final, estuvo conmigo. Si puedo ayudar, ayudo —lo cortó Federico.

Fuera por trabajo o por lo personal, Gloria había estado con él.

Colgó.

Raúl no insistió. Aquello ya se había vuelto demasiado complejo para él. La verdad le pesaba y no lo dejaba en paz.

Le dolía… pero no encontraba cómo aliviarlo.

—No, a ver —dijo Virginia, parada sobre el sillón, mirando al techo como si le reclamara a la vida—. ¿Los Mendizábal están mal de la cabeza o qué?

Desde que Gloria le contó que la señora Mendizábal le había reservado una habitación en Wayer, se quedó procesándolo como tres minutos.

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