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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 460

—Vámonos —Raúl le dio una palmada en el hombro a Federico—. Si no, al rato llegan los reporteros.

El responsable de Holding Rivadeneira y heredero de la familia Córdoba: con cualquiera de esos dos títulos bastaba para que la prensa inventara historias si salía que la policía lo encontró bebiendo en la costa a medianoche.

Federico se levantó. El viento le infló la camisa negra como vela; al ponerse de frente, la tela se le pegó a la cintura marcada.

—Gracias. Ya nos vamos.

Se dio la vuelta y se fue hacia la orilla sin mirar atrás.

No había taxis por ahí, así que los policías se rifaron y los llevaron de regreso.

Al bajar de la patrulla, Federico se echó el saco encima y se metió directo a la mansión.

Raúl venía detrás y de pronto se soltó a reír.

—Gloria sí es de cuidado.

No se le había acabado la risa cuando la puerta se cerró de golpe.

Raúl se quedó helado: la nariz le quedó a un centímetro de la puerta.

—Mañana los Mendizábal me buscan. Luego te aviso —gritó desde afuera, y se fue.

***

Después de que la policía llevó a Federico a su casa, le devolvieron la llamada a Gloria.

—Gracias —dijo ella—. Esto afecta la reputación del señor Córdoba. Le agradecería que lo manejen con discreción.

—Si al señor Córdoba le pasa algo en esta zona, a nosotros nos cae el problema encima. Gracias a usted por avisar, señorita Loyola.

El policía entendía perfecto.

Gloria colgó, le mandó un mensaje a Mirella para que se quedara tranquila y volvió a la mesa.

Para entonces, Jaime ya estaba pasado de copas, golpeando la mesa y hablando a gritos de todas las cosas miserables que Federico había hecho en otros tiempos.

—Ya, Virginia y el niño ya se deberían dormir. Váyanse yendo —dijo Gloria, acercándose a recoger.

—Ni le muevas —Virginia se levantó y la empujó suave hacia la salida—. Llévate a este cabrón. Lo demás lo vemos la señora y yo. Ándale, llévatelo.

Quién sabe qué tanto presumió Jaime para que Virginia se hartara así.

Gloria lo jaló del brazo.

—Ya vámonos.

Jaime se levantó tambaleándose.

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