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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 213

—¿Qué haces tú aquí?

Alicia Vallejo pensó que Federico venía con Irene.

Pero al acercarse y ver a Gloria a su lado, se le endureció la cara.

—Señora Vallejo —saludó Gloria, con cortesía—. Yo traje al señor Córdoba.

Luego inclinó ligeramente la cabeza hacia Federico.

—Federico, si ya no se te ofrece nada, me retiro.

—Ajá —respondió Federico, seco. Antes de que el carro de Gloria se fuera, él ya iba entrando a la casa.

Alicia quería soltarle un reclamo a Gloria, decirle que dejara de estar a solas con Federico.

Pero como ya iban por caminos distintos, se dio la vuelta para ir tras Federico.

—Cada vez falta menos para la boda con Irene. Ya deberías empezar a mover lo de la ceremonia.

—Usted y los Orozco pónganse de acuerdo —dijo Federico.

Entró, se cambió los zapatos y subió directo.

Alicia se quedó en el pie de la escalera y lo detuvo con la voz:

—Hay muchas cosas que se tienen que hablar entre las dos familias. ¿Cuándo tienes tiempo?

—Encárguese usted —contestó Federico. Se detuvo un instante y la miró—. Estoy ocupado.

—¡No puedes usar el trabajo de pretexto! —Alicia se enfureció—. Es algo de una sola vez en la vida. Tienes que tomártelo en serio.

Federico se recargó en el barandal. La lámpara enorme del techo lo bañaba de luz.

—Es la segunda vez.

—¡No vuelvas a mencionar a esa mujer! —Alicia respiraba agitada—. ¡Eso… eso ni existió!

Federico levantó un poco la ceja.

Así que, para Alicia, lo de Gloria también “no existió”. Por eso ella lo trataba como si esos dos años no hubieran pasado.

Apretó los labios.

—¿Cuándo puedes cenar con los Orozco para hablar de los detalles de la boda? —Alicia intentó negociar con calma.

Federico miró su reloj. Bajó la vista, ocultando lo que traía en los ojos.

—Que Gloria lo agende.

Y subió.

—Si de veras piensas eso, entonces hablemos claro.

Doña Valentina dejó las fichas y se acercó.

—¿Tú crees que él siente algo por Irene?

Claro que sí.

Crecieron juntos, eran de toda la vida.

Aunque Alicia empujó esa relación durante años, al final estuvieron juntos porque ellos lo decidieron.

Pero no sabía por qué… le costaba decir “sí” con seguridad.

—Si no sintiera nada, ¿por qué se iba a casar con Irene? —reviró.

Doña Valentina negó con la cabeza.

—Me preguntas a mí… ¿y yo a quién le pregunto?

Alicia se calmó un poco, y luego negó.

—No puede ser. Solo no es bueno para hablar. No sabe expresar lo que siente.

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