Al principio, Gloria entró a Holding Rivadeneira porque quería estar un paso más cerca de Federico.
Luego se volvió su secretaria: un paso más.
No es que se le hubiera acercado con malas intenciones… pero, sin darse cuenta, se fue metiendo más y más en su vida por él.
Y ahora, en cambio, estaba haciendo cuentas y moviendo todo para alejarse.
Por encima del bebé que llevaba, no había nada más importante.
Aun así, Gloria tenía que admitirlo: por dentro no estaba en paz.
—Ya, ya entendí.
Virginia sentía que a Gloria se le notaba en la cara que no lo soltaba.
Gloria levantó la mirada.
—¿Qué entendiste?
—Se entiende, pero no se dice —respondió Virginia, haciéndose la interesante.
Gloria terminó la tabla, se la mandó a Federico y ya solo quedó esperar.
En todos esos años de trabajo, nunca había tenido unas vacaciones como esas: sin nada que hacer.
Por las noches, ayudarle a Virginia en sus transmisiones era lo único “laboral”, y para ella era pan comido.
Virginia eligió un día para que Gloria la acompañara al hospital a una revisión.
Todavía no tocaba la revisión posparto; Virginia iba por Raúl.
—No te confundas. El doctor Esquivel sí está guapo, pero tampoco es que yo ande obsesionada. Solo que ya me voy y luego quién sabe si vuelva a ver a un hombre tan bueno. Si no me acerco tantito, qué desperdicio.
Gloria se abrochó el cinturón y, al verla, no pudo evitar sonreír.
—Yo ni dije nada.
Virginia la miró de reojo.
—Que no lo digas no significa que no lo estés pensando.
Eran totalmente distintas: Virginia decía lo que se le ocurría.
Gloria era reservada, no hablaba de más ni preguntaba de más, pero se fijaba en todo; era bien observadora para cachar detalles.
—Aprovecho y recojo mi expediente.
La siguiente revisión del embarazo ya sería fuera.

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