—¿Qué pasa? —preguntó Gloria, confundida.
—¿Ya desayunaste? —Doña Valentina tomó aire, como si trajera algo atravesado.
Paulina puso los ojos en blanco y no dejaba de hacerle señas a su abuela.
Gloria asintió.
—Sí.
—Entonces tú… —Doña Valentina quiso soltarlo de golpe, pero terminó diciendo— ¿cómo te viniste al hospital?
—En carro —Gloria se dio cuenta de que Doña Valentina quería decir algo—. Abuela, dígame directo.
Doña Valentina miró a Paulina.
Gloria siguió esa mirada y volteó: Paulina estaba detrás de ella, inquieta, sin saber qué hacer con las manos.
Ahí había algo.
—Olvídalo, no es nada —Doña Valentina hizo un gesto con la mano—. Nomás me dio curiosidad… ¿este Año Nuevo qué vas a hacer?
Si no lo mencionaba, Gloria ni se acordaba.
Los dos años que estuvo casada con Federico, siempre pasó Año Nuevo con la familia Córdoba.
Este año, le tocaba volver a lo de antes.
—Voy al orfanato.
Doña Valentina le apretó la mano.
—Ven a la casa. Este año nomás vamos a estar Pauli y nosotros. Vente para que no esté tan solo.
Gloria recordó que Alicia y los demás se habían ido al extranjero.
Y que Federico este año iba a pasar Año Nuevo con Irene.
—No, no es apropiado —negó.
—En el orfanato hay un montón de niños, no te van a extrañar —insistió Doña Valentina—. Por lo menos vente en Nochebuena, ¿sí?
Paulina arrimó una silla y se dejó caer junto a la cama.
—Ay, abuela, no presiones a Glori. Igual y… aunque no vaya al orfanato, quién sabe, a lo mejor tiene compañía.
Gloria pensó que seguramente estaban planeando “arreglarle” algo a escondidas.
No llevaba mucho de divorciada cuando Paulina ya quería presentarle a un niño rico.
Hasta decía que Doña Valentina aseguraba que le iban a conseguir a alguien mejor que Federico.
Y no era puro hablar: si Gloria decía que sí, de verdad lo hacían.
—¿Y usted cómo sigue? ¿Ya salieron los estudios? —preguntó Gloria, cambiando el tema.
Doña Valentina resopló.
—Lo mismo de siempre. Nomás me tienen aquí sufriendo.
Paulina se quejó:
—¿Y tú crees que yo quiero estar aquí? Aquí ni comes bien ni duermes bien. Llevo dos o tres días sin bañarme. Mi hermano dijo que venía a relevarme y ni sus luces. Me trae de su burra.
—¡Ni me lo menciones! —Doña Valentina se puso de malas al instante.
Paulina sacó la lengua y se quedó callada.

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