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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 405

Gloria Loyola echó un vistazo a su alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie cerca.

Se señaló a sí misma, con cara de confusión, y miró a Tomás Mendizábal.

¿Ese “mamá” era para ella?

—Señor, se está equivocando de persona —le susurró un empleado, acercándose rápido a Tomás.

Tomás se talló los ojos, sacó sus lentes de la bolsa y se los puso.

—De lejos sí se parece un buen a mi mamá… —murmuró, incómodo, mientras daba un par de pasos hacia Gloria.

—¿Y tú quién eres? ¿Qué haces aquí?

El malentendido dejó a Gloria todavía más incómoda que a Tomás.

—Señor Mendizábal, feliz cumpleaños. Vine a su fiesta… pero mi acompañante todavía no llega.

Tomás soltó un “ah” y la miró de arriba abajo.

Aun de cerca, sentía que sus facciones se parecían a las de su mamá.

Sacudió la cabeza.

—No te quedes aquí esperando. El que llega es invitado; pásale primero.

Los empleados ya habían terminado de acomodar los regalos.

Tomás les indicó que se adelantaran y él entró al salón a atender a los invitados.

Gloria lo siguió.

Apenas entraron, Tomás fue rodeado por un grupo de juniors que, entre bromas, lo fueron jalando hacia un lado.

Gloria checó su celular: de Federico Córdoba seguía sin haber noticias.

Pensó en buscar un lugar para esperar.

Pero al girar la cabeza, lo vio entre la gente, parado junto a Irene Orozco.

Federico llevaba un traje negro. Su rostro, guapo y pulcro, tenía esa elegancia contenida de siempre.

Estaba medio paso separado de Irene, pero ella casi se le pegaba al pecho.

Frente a ellos estaba Martina Arrieta, con el vientre muy abultado.

Con una mano se sostenía la cintura y con la otra se tocaba la panza; parecía estarles dando consejos.

Una pareja a punto de casarse, hablando de embarazo y bebés… debería verse tímida pero feliz, ilusionada.

Pero por alguna razón, la expresión de Irene estaba rígida.

Y el semblante de Federico, normalmente sereno, traía un matiz difícil de descifrar mientras miraba a Irene hacia abajo.

Gloria apartó la mirada. Con razón Federico no le contestó las llamadas.

Con Irene al lado, no debía ser fácil.

Capítulo 405 1

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