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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 406

Cuando Martina escuchó eso de boca de los empleados, se le encendieron todas las alarmas.

Por suerte Tomás estaba demasiado ocupado dentro del salón y no tenía tiempo de fijarse en Gloria.

Si no, con lo mujeriego que es, seguro se le pegaba a Gloria…

—¿Ya está listo el que te pedí? —preguntó Irene, bajando la voz—. Si me quitas ese estorbo, Fede y yo nos regresamos de inmediato a Belgrano Norte a esperar la boda.

Martina se tapó la boca para reír.

—Sabía que ya no aguantabas. Tú tranquila, ya está todo arreglado.

Se levantó del sillón y le hizo una seña a Irene.

—Nada más espera… el show ya va a empezar.

Irene sonrió.

—Ve.

——

La señora Mendizábal estaba rodeada por un grupo de señoras de sociedad.

Gloria esperó a cierta distancia, buscando el momento para acercarse.

—Señora Loyola.

Una voz le habló desde atrás.

Gloria volteó y vio a Lucas Mendizábal con una copa de vino tinto en la mano.

—Señor Mendizábal. —Ella inclinó apenas la cabeza.

—Tú… —Lucas siguió la dirección de su mirada y alcanzó a ver a la señora Mendizábal.

Gloria fue sincera.

—Vine a saludar a la señora Mendizábal.

Lucas sonrió, pero con el ceño ligeramente fruncido.

—Mi esposa sí te aprecia… y últimamente seguro te ha buscado. Tal vez te ha fastidiado, pero me gustaría que mantuvieras cierta distancia con ella.

Gloria se quedó helada. Recordó que la última vez, en una comida, la señora Mendizábal recibió una llamada y se fue de prisa.

—No lo tomes a mal, me refiero a que…

Lucas sintió que lo había dicho mal y trató de componerlo.

—Mi esposa es ama de casa. Se la pasa sin mucho que hacer… no quiero que te distraiga de tu trabajo.

En su cara era evidente que no quería que Gloria siguiera teniendo contacto con la señora Mendizábal.

La razón no estaba clara.

—Gloria.

Martina la había estado buscando por todo el salón. Traía el fastidio dibujado en la cara.

—¿Qué haces dando vueltas por todos lados?

A Gloria ya le empezaba a doler la cabeza.

Uno tras otro llegaban a buscarla, y encima tenía que manejarlo con cuidado.

—Señorita…

—Dicen que tenemos casi la misma edad. Yo ya llevo meses embarazada y tú sigues sola. Hoy están aquí puros importantes de Río Alicante. ¿Cuál te gusta? Yo te presento a uno.

Martina barrió con la mirada a los jóvenes del grupo.

Gloria sintió que los Mendizábal eran igualitos: uno más imprudente que el otro.

—No se preocupe, señorita. Ahorita no tengo planes de casarme.

—¿O sea que ninguno de los hombres de aquí te convence?

Martina torció a propósito lo que Gloria había dicho.

***

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